La activista rusa que se enamoró de un ucraniano en el exilio coruñés
Iuliia Perevalova fue perseguida por el Kremlin tras su militancia en apoyo del opositor Alexéi Navalni. Ahora comparte su vida con Artemio Matiokva, que acaba de pasar el verano trabajando como técnico de sonido en verbenas gallegas