Daniel Caramelo, argentino que consiguió la nacionalidad española por la ley de nietos: «Tener el pasaporte español era una espinita clavada, pero no me interesa votar»
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A sus 58 años Daniel ha tachado uno de sus sueños pendientes. Hace año y medio que consiguió la nacionalidad de sus abuelos paternos y ahora por fin ha podido estrenar el documento oficial viajando a Galicia
19 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.A los 12 años, Daniel Caramelo (Buenos Aires, 1967) conoció a parte de su familia gallega, y quedó «flasheado» para siempre con la tierra de su abuelo paterno. Nunca más volvió a poner un pie, pero ese viaje marcó su vida para siempre. Desde entonces, ha luchado para que se le reconozca esa nacionalidad que le otorgan sus raíces, y que consiguió hace año y medio a raíz de la conocida ley de nietos. «Mi abuelo nació en Bergondo en 1898, y por la historia propia de España se tuvo que venir para acá. Antes no entraban las comunicaciones, así como vós y yo hablamos ahora. Entonces a los 12 años vine a conocer a la familia, con mi papá, mi mamá y mi hermana. Recorrimos Europa, principalmente España. Me quedé fascinado. Me encantó el país, y me encantó mi familia».
Su padre, aunque viajó varias veces a España para estar con sus primos, nunca tuvo interés en arreglar los papeles. «Me parece que por el trámite burocrático o también por el enojo de que no te lo dieran directamente. A ver, seamos sinceros. Esto es beneficioso para mí, pero uno de acá dice: “Nosotros les abrimos las puertas, ingresaron sin ningún inconveniente, y yo para tener tu ciudadanía tengo que esperar a que todos se pongan de acuerdo”. Eso duele». Sin embargo, él siempre tuvo el deseo de obtener el pasaporte. Estuvo muy pendiente de los pasos que se daban en ese sentido, e incluso antes de que se aprobara la ley, ya estaba tratando de conseguir cita. Por eso, una vez que se abrió esta vía, en enero del 2023, presentó los papeles, y en abril del 2024, se la concedieron. Confiesa que al principio el proceso era más fluido, y que al poco ya se vieron desbordados con las solicitudes. «El 40 % de las solicitudes del mundo son de Buenos Aires», apunta.
Por circunstancias de la vida, él no pudo acompañar a su padre y a su hermana en todos esos viajes, pero el que hizo con 12 años quedó grabado en su memoria. Y ahora que se ha jubilado no hay nada que le haya impedido regresar y estrenar su pasaporte.
El pasado 5 de octubre aterrizó en Madrid, y alquiló un coche para venir con calma hasta A Coruña, a reconectar con su historia familiar. «Para mí era una asignatura pendiente que yo tenía, de volver a conectarme con la familia de mi abuelo. Yo si hubiera elegido, me gustaría un mundo sin fronteras. A mí esto me molesta mucho, que yo tenga que haber perdido muchos años tratando de tener una ciudadanía de donde, en realidad, son mis orígenes». Unos orígenes que también lo ubican en Italia por parte de su abuela materna. «Yo soy de un mundo sin fronteras y la tierra de una humanidad», confiesa Daniel, que lamenta no poder solicitar la nacionalidad italiana debido a una ley por la que se pierde el derecho a traspasar la ciudadanía si las mujeres se iban del país. «No voy a pagar un abogado para hacer un juicio y que me la den. Si no me la dan, es porque los italianos no quieren. Y hay que respetar, pero mi abuela es italiana», insiste.
40 años en banca
Viudo desde hace cinco años, su mujer con la que tenía una «relación hermosa» falleció después de 11 años sufriendo una terrible enfermedad, y Daniel tuvo que compaginar la crianza de sus cuatro hijos varones, de 25, 26, 29 y 30 años, con el cuidado de su esposa. «Les di una educación, salud y mucho amor, pero ahora tienen que hacer su vida», dice sobre el hecho de que sus hijos también hayan conseguido la nacionalidad española. «La pidieron porque la Argentina venía mal...— apunta—. Venía una economía muy mala, donde no tenían, digamos, muchas posibilidades laborales. Si bien este país nunca lo van a reventar. Es de vacas gordas, como decimos nosotros. No hay nadie que lo hunda, es imposible. Desde la época de mi abuelo que esto era el granero del mundo, y sigue siendo, pero las Administraciones gubernamentales a veces se equivocan y hacen otras cosas. Mis hijos la pidieron, pero no porque sintieran lo mismo que yo, sino por sus propios intereses, su futuro. Hoy en día, los chicos manejan otros códigos. No tienen el sentido de pertenencia, no están arraigados a un lugar como podemos estarlo nosotros».
Daniel trabajó más de 40 años en banca, pero si hay algo que le haya motivado en esta vida es poder ayudar a los demás. Organiza travesías en 4x4, y conduce hasta lugares donde nadie llega, incluso ni el Gobierno, para llevar artículos de primera necesidad como alimentos, ropa... a personas que lo necesitan. Y no es de extrañar que alguien que sube a lo alto de la montaña para dotar a «una escuelita» aislada de material básico, anteponga conocer «los pueblitos a las grandes ciudades». «Ahora en España quiero conocer los pueblos, las aldeas, un poco de historia. Es el tipo de viaje que me gusta a mí. A donde no llega la gente, estar y compartir. Yo viajo muchas veces en moto solo, y llego a un pueblo, me siento en una cantina, y termino comiendo un asado con familias».
Con sus primos y tíos gallegos mantiene mucho contacto, y será con ellos con quienes exprima sus horas en Galicia antes de bajar hacia Portugal. No aprecia grandes diferencias entre ambas familias, porque «somos una generación de hijos y nietos españoles», y cree que han seguido las mismas tradiciones. «Somos familieros, de juntarnos.... y mis primos y primas gallegos también lo hacen. No tenemos la misma forma de pensar, pero son sociedades similares», señala Daniel, que reconoce que sus compatriotas argentinos encajaron bien su doble nacionalidad. «Acá, la mayoría de argentinos tenemos un abuelo, bisabuelo, que es de Europa», apunta a la vez que lamenta que ahora mismo el proceso de para obtener la nacionalidad se encuentre «trabado».
Daniel tenía 9 años cuando su abuelo falleció. Nunca supo que conoció su tierra ni mucho menos que la Administración reconocería sus orígenes. «Uno lleva en el corazón todo eso, y estoy superfeliz de poder estar aquí. Tenía una asignatura pendiente de mi pobre abuelito que no pudo volver. A mí me da mucha pena que no haya vuelto», cuenta Daniel, que al obtener el pasaporte ha recuperado Caramelo, el apellido que su abuelo se tuvo que cambiar por Caramés. «Acá se le llama a las golosinas. Y lo volvieron loco, le hicieron bullying hasta que logró cambiar el apellido», explica mientras que añade que ha desistido en los trámites que le exigen para hacerse el DNI español. Pero tiene el pasaporte que le reconoce por fin su nacionalidad española, aunque de momento el Supremo haya suspendido el derecho a voto de los nacionalizados a través de esta vía. «Lo escuché, pero no lo interioricé. No sé por qué toman esta decisión. Si uno es ciudadano debería tener derecho a voto, pero a mí me trae sin cuidado porque no es lo que me interesa».
No sabe qué será de su vida dentro en un futuro, solo sabe que ahora tiene la puerta abierta por si quisiera vivir aquí. A la tierra de su abuelo.