Una madrileña trae a Allariz un espacio en el que dar rienda suelta a la imaginación

Miguel Cebrián Gómez
Miguel Cebrián OURENSE

VEN A GALICIA

La madrileña Ana Martín posa en el interior de Ácido, el estudio que abrirá en Allariz.
La madrileña Ana Martín posa en el interior de Ácido, el estudio que abrirá en Allariz. Miguel Villar

Tras formar parte del colectivo Espacio Matrioska, Ana Martín lleva a Ourense Ácido Estudo para todo el que quiera potenciar su vena artística

20 oct 2026 . Actualizado a las 19:46 h.

Después de estudiar Bellas Artes en su Madrid natal, Ana Martín se mudó a una aldea cercana a Allariz para crear Ácido Espazo. «Pretendo que sea un laboratorio creativo, un sitio en el que experimentar y crear sin que haya una forma correcta de hacerlo. Aquí no existe el fallo», comenta.

Antes de dar este salto, la madrileña formó parte del colectivo de artistas Espacio Matrioska durante el tiempo que estuvo viviendo en una aldea de Os Blancos. «Hacíamos talleres, residencias, un festival de música...Todo para la gente del pueblo», rememora. Al final, el colectivo se disolvió y quiso poner en práctica su bagaje creando algo nuevo por su cuenta y desde cero. «Lo he estado promoviendo por cartelería, redes sociales y a través del propio escaparate», comenta.

Martín buscó locales que estuvieran disponibles para alquilar en Allariz y al final se decantó por uno que le llamó la atención en la calle San Lázaro. «Mi idea es abrir talleres creativos para niños y un aula de dibujo y pintura para adultos. Quiero que, también, se hagan exposiciones y talleres puntuales: me gustaría que fuera un lugar en movimiento», explica antes de decir que su intención es inaugurarlo en noviembre. La decoración del interior, por supuesto, corrió a su cargo. «Me apetece que sea un espacio diáfano para que durante el curso se vaya llenando con las obras que hagan los alumnos», detalla. Además de su experiencia como estudiante de Bellas Artes, Martín traslada que, durante el tiempo en el que estuvo en funcionamiento el colectivo, se curtió impartiendo clases en los talleres que organizaban.

Aunque todavía no tiene una fecha exacta para su apertura —dice que aún hay trámites y papeleos en el tintero—, sí que adelanta el horario que tiene pensado establecer. «Es por una necesidad vital, más que nada. Tengo una hija de dos años y tengo que conciliar todo, así que mi idea es que las clases sean por las tardes para por las mañanas llevar a cabo las actividades que no me impliquen tanto, como los talleres. Así me puedo traer a la niña», explica. En total, son 11 los años que lleva en la provincia y está contenta. «Estoy encantada, vivo en una aldea llamada Vilar de Flores. Me gusta el rural más que la ciudad. Hay menos ruido», sentencia.