El Pazo do Souto recupera el esplendor que siempre tuvo

Santiago Garrido Rial
s. g. rial CARBALLO / LA VOZ

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Pazo do Souto, en Sísamo, Caballo.
Pazo do Souto, en Sísamo, Caballo. ANA GARCÍA

El negocio reabrió y la próxima semana habrá una presentación, accesible solo con invitación

08 oct 2026 . Actualizado a las 12:57 h.

El Pazo do Souto, en Sísamo (Carballo), es un símbolo del turismo rural. No ya en la comarca, que también, sino en Galicia, pues fue de los primeros en aprovechar su pasado histórico y adaptarlo a la hostelería de calidad, combinándola con la recuperación patrimonial. Así, desde el 24 de enero de 1993. Su más reciente etapa ha sido algo más convulsa, con un arrendatario con el que hubo que usar la vía judicial, pero hace ya unas semana que ha recuperado su esplendor de siempre.

Reabrió a principios de julio y se activó de nuevo el alojamiento, con sus habitaciones, y los comedores, para actividades sociales y familiares (bodas, bautizos, reuniones de amigos...).

Justamente estos días está cerrado por las vacaciones de la gerencia, y reabrirá el 27 de este mes. Hará una excepción la semana que viene, el día 15, con un acto promovido por Hecho a Medida Events, una empresa coruñesa que organiza actos especiales y colabora con el Pazo. Será una jornada accesible con invitación (info@pazodosouto.es), a partir de las siete de la tarde, para que los interesados vean qué ofrecen y además las opciones en unión al Pazo. E ir recuperando poco a poco lo que siempre tuvo este local, que en buena medida ya se ha hecho durante todo este verano, con clientes de toda la vida, bastantes de ellos internacionales, que han regresado a este pazo carballés.

El pazo abrió sus puertas el 18 de noviembre de 1992, y el presidente de la Xunta, Manuel Fraga, presidía la inauguración oficial el 24 de enero de 1993. Empezaba así un proyecto pionero en esta Casa da Torre, como la conocen los vecinos, que había impulsado, con su restauración y conversión, José Taibo, un visionario que había emigrado a Suiza.

Este pazo de 1672, obra del marqués de Montenegro sobre una torre medieval que a su vez se había levantado sobre un castro, marcaba el camino que seguirían muchos. Estuvo nada menos que 26 años recomendado en la guía Michelin.