El sabor del San Froilán: de las 6.000 raciones de pulpo diarias hasta los 40.000 churros vendidos

Lucía Blanco
Lucía Blanco LUGO / LA VOZ

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Pepe Vázquez, en la churrería Don Pepe.
Pepe Vázquez, en la churrería Don Pepe. Laura Leiras

El buen ambiente marcó el primer domingo de las fiestas. «Llevo toda la vida vendiendo castañas, no se puede perder la tradición», comentaba uno de los veteranos en las patronales de Lugo

05 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

A media mañana de este domingo, cuando arrancaba el programa oficial de las fiestas del San Froilán, los más madrugadores se acercaban hasta el recinto ferial para elegir las tómbolas donde horas más tarde probarían suerte o apuraban un desayuno tardío comprándose una docena de churros. Si hablamos de veteranía en las patronales, esta tiene nombre y apellidos. José Vázquez, más conocido como Pepe, sigue acudiendo diariamente a la Don Pepe, churrería que instala en el recinto ferial. Calcula que entre los dos puestos que se sitúan en Rodríguez Mourelo pueden despachar alrededor de 40.000 churros.

«El que más se vende es el tradicional, si miramos en cantidad. Pero ahora los de chocolate y los de pistacho se venden también muchísimo», explica. Sus abuelos comenzaron a vender estos dulces el siglo pasado y él cumplirá casi cinco décadas siendo fiel a la cita por excelencia en la ciudad, así que tiene más que claro cuál es el secreto: la materia prima y el buen hacer. «La clave es el buen aceite y la buena harina, hacer bien la masa, y después estar atento a lo que estás haciendo, que no se te pasen en la sartén».

Y aunque las barracas y las casetas ya comenzaron a funcionar el pasado fin de semana, son muchos los que prefieren esperar para degustar el plato por excelencia: el pulpo. «Este domingo tivemos a caseta atope», comentaba Javier Ferreiro, que se estrenó con sus calderos el año pasado. Calcula que en un día como el de ayer o el de hoy, pueden venderse entre unas 5.000 y 6.000 raciones del cefalópodo.

Aumentan las reservas

Como siempre hay comensales de última hora, a lo largo de esta semana se acumularon las reservas. «Hai de todo, pero nestes últimos días chamou moitísima xente e xa temos ao longo do mes varios días pechados, nos que non temos sitio». Además de las jornadas grandes, como puede ser este lunes, Día de San Froilán, cuando es tradición para las familias locales salir a comer, o el Domingo das Mozas, el sábado 24, por ejemplo, casi no tienen hueco libre y el domingo 25 también es casi misión imposible conseguir mesa. «Parellas é case o que menos temos, abundan sobre todo as reservas de grupos», precisa el hostelero que acumula una dilatada experiencia cociendo el pulpo por rincones de toda España.

«Llevo toda la vida vendiendo castañas, no se puede perder la tradición»

Ya lo decía Álvaro Cunqueiro, el San Froilán es la fiesta más hermosa del otoño gallego. Y si hay un producto vinculado a la llegada de esta temporada son las castañas. Antonio Pereira, que a sus 56 años perdió casi la cuenta del tiempo que lleva ofreciéndolas asadas en las patronales, es uno de los maestros veteranos en este sentido. «Llevo viniendo toda la vida, más de cincuenta años ya. Ya venía mi papá aquí», comentaba el castañero mientras ponía a punto el horno. El ourensano, llueva, haga calor o frío, que ayuda especialmente a que la gente se acerque a su puesto, comienza siempre la temporada en Lugo.

Jesús y Antonio, en su puesto de castañas en Rodríguez Mourelo, donde pueden vender entre 100 y 150 kilos.
Jesús y Antonio, en su puesto de castañas en Rodríguez Mourelo, donde pueden vender entre 100 y 150 kilos. Laura Leiras

Durante su trayectoria profesional, fue testigo de la evolución de las fiestas casi desde que era un niño. «Ya montamos abajo también, en todos los lados». En un día como el de ayer, aunque varía mucho en función del tiempo y de la afluencia de gente, puede llegar a vender entre 100 y 150 kilogramos de castañas.

Y aunque las patatas, el algodón de azúcar para los paladares de los más golosos, las garrapiñadas e incluso los helados también acompañen las fiestas año tras año, de momento inaugurar el otoño con un cucurucho de castañas está más que asegurado con Antonio, al que le sobran ganas por continuar. «Hay que seguir viniendo, porque la tradición no se puede perder», asegura.