El matemático y experto en IA que lo deja para recuperar la pulpería de Santa Lucía de Santiago
VEN A GALICIA
José Gutiérrez prefirió dejar Madrid para volver a Santiago y, tras probar suerte en la hostelería, ahora sigue solo en el sector
29 sep 2026 . Actualizado a las 10:06 h.Cursó la carrera de Matemáticas en la USC y se fue a Madrid y a Valencia para hacer sendos másteres vinculados a la tecnología y a la inteligencia artificial. Durante cinco años, José Gutiérrez Rodríguez, natural de Madrid, trabajó en una consultoría con un amigo. «Aunque no iba mal, se terminó la etapa y, con otros amigos de uno de los másteres, pusimos en marcha otra consultoría, con la que trabajamos con empresas importantes como Aena», explica. Pero José confiesa que seguía faltándole algo para sentirse cómodo y feliz. «Echaba de menos Santiago. Quería volver. La tierra tira mucho», asegura. En su vuelta a casa, dio un giro total a su futuro laboral y dejó las matemáticas y la IA para probar suerte en la hostelería. En un principio, José trabajó con otro hostelero de Santiago que regenta La Jefatura, y coincidió con la puesta en marcha de La Jefatura en el Franco. «Estaba pensando ya en el tercer local cuando decidí dejar la sociedad y replantearme el futuro». Casi sin tiempo para pensarlo, le llegó la noticia de que la pulpería de Santa Lucia estaba cerrada. «Cerró en octubre del 2025, y en marzo fui a ver el local», comenta. Se tomó un mes para echar cuentas. «Y en abril firmé el contrato. El 1 de mayo, abrimos», relata. Reconoce que los primeros días «fuimos atropellados, y todo fue una locura, pero poco a poco se fue encajando todo». José Gutiérrez quiso darle una vuelta al estilo de la pulpería y, aunque básicamente sigue sirviendo churrasco y pulpo, incorpora otros platos, como chipirones y unas originales croquetas con un toque picante. «Tengo claro que para marcar la diferencia hay que apostar fuerte por la calidad y por la atención al cliente. La ternera del churrasco es de suprema; el cerdo, de primera calidad; y con el pulpo no se puede jugar, tiene que ser el mejor. El precio es más alto que antes, pero la calidad es suprema, y creo que el cliente lo reconoce», reivindica José. Revela que una de las reglas que sigue «es algo que aprendí de las muchas horas de haber sido consumidor de hostelería. Hablo de la atención al cliente. Hay que hablar con ellos y asegurarse de que todo está a gusto de cada uno. Lo que para uno está bien para otro no, pero se cambia el plato. El boca a boca puede ser la mejor publicidad para triunfar o fracasar», constata. Asegura el hostelero que los clientes más veteranos del Santa Lucia, entre los que estaba él mismo, «me recuerdan que había menú del día, pero yo lo retiré, porque no se adapta a lo que quiero hacer. En cualquier caso, por 15 euros también se puede comer. Depende de lo que pidas». José tampoco dejó del todo las matemáticas. De hecho, reconoce que «aquí también hay que echar muchas cuentas para mantener la plantilla». En la nueva Santa Lucia trabajan cinco personas a diario, y tres más el fin de semana. «Entre ellos, tengo la suerte de contar con Alejandro, que estuvo 17 años en el anterior negocio. Es un lujo y un gran apoyo».