Las vacaciones son para el otoño: «Voy con billete solo de ida, reservo la primera noche y en cada viaje intento hacer algo por primera vez»
VEN A GALICIA
Cristian se va de vacaciones en octubre, y no es el único. La tendencia de viajar cuando la mayoría vuelve va creciendo. Este ingeniero de datos vigués, trotamundos desde los 17 años, es un veterano del placer de la libranza fuera de la temporada masiva
28 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El otoño es «el nuevo verano» para cada vez más personas que tienen margen de elección. Tener libertad para escoger destino y momento suele ser una opción difícilmente asequible en el menú de los que tienen hijos o son autónomos. Pero la tendencia crece y se está consolidando. Los precios y las muchedumbres caen (¿hasta cuándo?), el clima se suaviza, y es singular el placer de veranear contra corriente evitando la cuesta de septiembre.
«Hay gente que por el trabajo tiene las vacaciones marcadas, y en verano eso genera una inflación de aforo en cualquier lugar al que vayas. Es complicado encontrar en julio o agosto si buscas una estadía tranquila. Así que esa desconexión que puedes estar buscando es más difícil en realidad. Los precios de los vuelos también suelen estar más caros en verano», comenta Cristian Nogueiras, ingeniero de datos vigués de 37 años al que el hecho de trabajar en remoto le da tiempo.
Es trotamundos desde la adolescencia. Salió del cascarón de la infancia viajando solo a los 17 años, y desde entonces no ha dejado que los pies y la cabeza se acomoden demasiado tiempo en un lugar. Ha vivido en ciudades como Tenerife, Madrid, Cambridge, Melbourne o La Valeta, y es uno de esos otoñeantes que viven la vuelta anunciada a la rutina de septiembre... de lejos.
Cristian es un enamorado de los veranos en Galicia, lo que influye en que sus vacaciones se desplacen al otoño. «Este verano he recibido amigos de Granada, de Noruega, de Corea... Vienen a ver Galicia y les encanta. Yo siempre les digo: ‘‘De lunes a viernes trabajo, pero os dejo mi coche y os hago una ruta, y luego en el fin de semana vamos juntos adonde queráis. Soy guía en mi tierra para amigos que la conocen por primera vez», se perfila Cristian, que se acaba de mudar a vivir a una pequeña aldea de Salceda de Caselas.
En el 2017 hizo el Camino de Santiago desde el norte de Holanda con un límite de gasto de 5 euros diarios; en el verano del 2024 recorrió con dos amigos más de 9.000 kilómetros entre Vigo y Kazajistán haciendo el Mongol Rally en una furgoneta Seat Trans, es inusual que pase las Navidades en casiña, y a día de hoy combina su pasión precoz de viajar en solitario con el gusto por coordinar viajes para otros.
Las vacaciones comenzarán para él este curso en octubre con un viaje de amigos al que se sumarán mil personas para un crucero por el Mediterráneo que organiza la comunidad viajera We Road, que coordina online escapadas en grupos de desconocidos a través de grupos de WhatsApp.
La bala del viaje solitario, un modo al que se acostumbró hace más de veinte años, la reserva para noviembre, cuando se irá 15 días con la mochila a la espalda a Filipinas. «He estado mucho en el sudeste asiático, pero Filipinas es de los países que me quedan por descubrir. Tengo referentes, amigos y amigas, que han ido, y a ver si tiro de ellos para probar algo realmente autóctono», comparte. Para este desconfiado de las rutinas a plomo, que ve en el reto una zona de confort, lo mejor es ir con billete de ida y sin itinerario. «Compro el billete y reservo para dormir solo la primera noche, y después a ver qué me va deparando el viaje...».
Seguirá la pauta en Filipinas. «Solo sé que aterrizo en Manila, pero no la ruta. Iré hacia el sureste y, por la época del año que es, iré subiendo por la parte del este. No me gusta estudiar estas cosas de antemano. Veo si me hace falta visado o si no. Y si, en medio del viaje decido ir a una isla o a otra, sé que debo tener la reserva con día y medio de antelación», calcula. Así, sobre la marcha, con las holguras de tiempo justas para el caso, va gestionando sobre el terreno la compra de billetes. «O regateo con alguien si puede llevarme en coche. Yo intento salirme de aplicaciones, que suelen ser más invasivas, aunque, al final, en turismo somos invasivos todos, pero, dentro de mi curiosidad, intento ser lo más respetuoso posible», afirma Cristian.
A veces gastamos más en unas vacaciones cerca de casa —que también tienen un valor que pasamos por alto— que en viajar a un destino exótico y conocer otras maneras de vivir, otros paisajes y culturas, otras maneras. «Hay gente que piensa que para hacer estos viajes tienes unas posibilidades económicas grandes. Y creo que hace falta más iniciativa que dinero. A veces la gente me pregunta cómo hago para viajar. No gasto en mi tiempo de ocio ni salgo tanto, por ejemplo. Que cuando viajo ¡salgo! Pero en otros entornos, otros contextos que me estimulan más, eso de ‘‘mira a esta persona que acabo de conocer, que es de la otra punta y qué historia tiene tan bonita’’. Me gusta más esta experiencia», subraya.
«Si vas con el itinerario cerrado te pierdes lo más bonito: improvisar»
NADA DE «TODO INCLUIDO»
«Entre 800 y 1.000 euros» le cuesta el billete a Filipinas. «Y luego allí, al barro; lo mismo duermo en una playa que en un backpacker [alojamiento en que puedes tener habitación individual pero prevalecen las zonas comunes] o en casa de alguien que acabo de conocer. En Irán he tenido experiencias superbonitas de gente a la que conocí en una gasolinera y me invitaron a comer y dormir en su casa. Este viaje a Filipinas lo ha enfocado más a relax y desconexión, pero mi presupuesto previsto entre alojamientos, vuelos internos y comidas está en unos 1.500-2.000 euros. No más».
Viajar solo a menudo le mueve a relacionarse con desconocidos que están en el mismo momento del viaje o en otro distinto. «A veces alguien te cuenta su plan y le dices: ‘‘¿Te importa que me sume?”, y otras cuentas tu plan y alguien te dice: ‘‘¡Qué guapo! ¿Puedo sumarme?’’. Por eso yo no soy muy amigo del itinerario. En cada viaje me propongo hacer algo por primera vez», dice conjurando el miedo a lo nuevo, que crece con la edad.
En los viajes que hace en grupo como coordinador ha visto nadar con tiburones a quien nunca pensó hacerlo, «y a gente que venía de comer bistec, Nocilla y chorizo probar un pulpo vivo en Corea del Sur, que se te pegan las ventosas en el paladar». «Teniendo el hotel cerrado, el itinerario cerrado y todo contratado de antemano sigues con el mismo control que puedes tener en tu rutina laboral y de casa. Por eso intento que el viaje sea lo más improvisado, dentro del ‘‘aterrizo aquí esta fecha y me voy esta otra’’».
El primer viaje lo hizo a los 17. «Fue a Tenerife, donde trabajé en hoteles de lujo y todo lo que es el ‘‘todo incluido”. Todo lo opuesto a lo que me gusta a día de hoy», revela. Y aunque recuerda con aprecio aquella etapa, la experiencia laboral le hizo conocer un tipo de turismo que no quiere hacer.
A raíz del desempeño precoz en las Canarias, se mudó a Cambridge a vivir y estudiar un año. Durante esa estancia empezó a moverse a Suiza, Alemania y a otros países. Una vez estrenó el Año Nuevo en la playa en Australia, y en cuanto a media anual viajera, no sabe decirnos con exactitud. «Hubo algún año que hice 38 países, pero no cuento los viajes», despeja.
Convivió con los Tikuna en el Amazonas colombiano, viajó a lo largo por África (Botsuana, Zambia, Zimbabue, Sudáfrica, Ciudad del Cabo, Lesoto, Esuatini), entre otras experiencias que le han dejado una huella imborrable. Su norma suele ser «con las reservas justas y sin itinerario» en todo caso.
Dejarlo todo atado no va con él. Mejor, cordones sueltos. El que se anima a perderse se encuentra. Es un artista con camino propio el divagante.
«Pocas expectativas, pocas decepciones» es su mantra. Lleva más de 20 años practicándolo sobre la marcha.