José Fernando Carrillo Ugarte, de ser profesor en Lima, Perú, hasta ser elegido como alcalde de Fisterra

Nicolás Pose CARBALLO / LA VOZ

VEN A GALICIA

Carrillo junto al monumento al emigrante de Fisterra, cuya construcción impulsó durante su mandato.
Carrillo junto al monumento al emigrante de Fisterra, cuya construcción impulsó durante su mandato. ANA GARCÍA

Liderar la lucha por conseguir el hospital comarcal fue uno de sus mayores hitos

24 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Profesor, alcalde, entrenador de baloncesto, fundador del Club Náutico y, sobre todo, líder de movimientos sociales. José Fernando Carrillo (Lima, Perú; 1949) ha tenido una vida ocupada y marcada, sobre todo, por su implicación en la asociación vecinal Costa da Morte. Llegó a Fisterra casi por casualidad «el día 16 de julio de 1977, justo el día de la Virgen del Carmen», recuerda, para visitar a unos amigos, padres de un alumno suyo en Perú, que habían regresado a Galicia luego de la nacionalización de la pesca durante el gobierno militar. Carrillo estaba en España complementando sus estudios como profesor, pero mientras estaba en la localidad surgió una vacante en el colegio Nuestra Señora del Carmen, donde terminó por ser profesor 38 años, hasta su jubilación en el 2014.

«Aquí tenía sobre todo una tranquilidad y una seguridad que no tenía en Perú, donde había impuesto un régimen de excepción», asegura. Poco después de su llegada ya se casó y, una vez asentado, no tardaría en unirse a la Asociación de Veciños Costa da Morte encabezado en aquel momento por Rafael Rivas, quien luego lideraría la junta local de Cruz Roja. Esa fue una de sus primeras reivindicaciones: conseguir la lancha de salvamento Ara Solis. A esto siguieron otras conquistas como mejoras en el servicio de electricidad y de agua o en la carretera comarcal. «Lo que nos motivaba era la esperanza de esa nueva realidad que se que se creaba con el advenimiento de la democracia en España», afirma Carrillo, pues entendía que reivindicaba «algo casi utópico, que luego se fue transformando en realidades tangibles».

Una de estas realidades fue el hospital comarcal Virxe da Xunqueira, una reivindicación que unió a diversas asociaciones de la comarca bajo el nombre de Plataforma Pro Hospital Comarcal, de la que Carrillo fue portavoz. Reuniones, manifestaciones o pronunciamientos «hasta que se dio una situación un poco especial», apunta. «Habíamos tenido una experiencia un poco chocante con el señor Padín [Pablo Padín Sánchez, conselleiro de Sanidade]. Nosotros le expusimos que necesitábamos tener pues un hospital comarcal donde se atendieran las necesidades más importantes, porque estábamos a más de 100 kilómetros de los centros de referencia. A lo que el conselleiro nos dijo que ‘‘bueno, yo no tengo la culpa de que viváis tan lejos''». Esta situación cambió con el compromiso electoral de Manuel Fraga Iribarne, que terminó por iniciar las obras del centro en el 1996.

Cuatro años de alcalde

En el 1987, Carrillo se decidió a intentar participar no solo en la acción vecinal, sino también en la toma de decisiones en la política activa: «Había que dar un paso adelante», afirma. Esta oportunidad le llegaría en el año 1991, cuando fue elegido alcalde, aún siendo el único concejal de su partido, el Centro Democrático y Social de Adolfo Suárez (que llegó a apoyar la candidatura del 87 con una visita a Fisterra). «Ante la imposibilidad de que se pusieran de acuerdo los partidos mayoritarios, yo estaba en medio», dice. El gobierno local tardaría más en formarse, pues tras un primer apoyo del PP, finalmente la relación no fructificó, por lo que el resto de la legislatura salió adelante con el apoyo de PSOE y BNG.

Durante su legislatura se produjeron importantes cambios en el funcionamiento mismo de la administración local, además de lograr proyectos como «las primeras normas de planificación urbanística, los paseos marítimos, la mayor parte de las aceras en las zonas urbanas, la pavimentación de caminos o la creación de la agrupación de Protección Civil», entre otros. En total, unos tres años de trabajo intenso: «Quedé satisfecho con lo que hice, pero aún había mucho más por hacer», asegura Carrillo. Tras su paso por la alcaldía, pasaría a un segundo lugar como teniente alcalde bajo el mandato de Ernesto Insua y, en el 2003, saldría de la política activa para regresar una vez más a la lucha vecinal.

El propio Adolfo Suárez visitó Fisterra para impulsar la candidatura de su partido en las municipales de 1987, donde Carrillo iba de segundo en la lista y terminó de concejal por la dimisión del primero.
El propio Adolfo Suárez visitó Fisterra para impulsar la candidatura de su partido en las municipales de 1987, donde Carrillo iba de segundo en la lista y terminó de concejal por la dimisión del primero.

«Ahora nos queda disfrutar de los viajes del Imserso, de mis hijos y nietos»

Ahora, con 77 años, José Carrillo sigue al pie del cañón en la asociación vecinal, con reivindicaciones y peticiones todavía pendientes, como «el centro de salud, la nueva estación de autobuses, el remate de la autovía de la Costa da Morte o una ordenanza de acceso al faro». Asegura que no piensa retirarse: «Mientras pueda y la salud lo permita, seguiré en la lucha», porque afirma que «el gusanillo de la lucha siempre lo llevas. Sobre todo porque no estoy trabajando solo por los demás, sino también por mis hijos, por mi familia y por ese futuro que todos queremos que sea mejor para Fisterra».

Eso sí, ahora que está jubilado y tras haber pasado más de mes y medio ingresado en la UCI por covid al inicio de la pandemia del 2020, tiene claro que su prioridad es disfrutar primero de la compañía de su mujer, sus tres hijos y sus cinco nietos: «Ahora lo que nos queda es disfrutar de los viajes del Imserso y del termalismo, además de mis hijos y nietos». Porque si hay algo de lo que se arrepiente en su vida es «no haber atendido a mi familia como era debido durante los cuatro años que fui alcalde». Recuerda de aquel momento llamadas a medianoche, poesías insultantes o denuncias «que pretendían llevarme a la ruina», una época por la que «tengo que dar siempre gracias a mi familia por el apoyo que me dieron y pedirle perdón por el sufrimiento, los insultos y las marginaciones que yo les ocasioné por esta participación en la vida política de Fisterra y que nunca haré lo suficiente por resarcirles».