Carlos hace el Camino de Santiago varias veces al año: «Cada cuatro o cinco meses, me marcho a recargar pilas»

VEN A GALICIA

Carlos Marcos durante una etapa del camino
Carlos Marcos durante una etapa del camino

Este expolicía extremeño se enamoró de la experiencia en 1993 y, desde entonces, siempre ha buscado huecos para poner la mochila a sus espaldas. «Todo el mundo debería hacerlo a solas una vez en la vida», confiesa

23 sep 2026 . Actualizado a las 10:36 h.

«Caminante no hay camino, se hace camino al andar». Estos versos escritos por Machado y cantados por Serrat se los tomó muy a pecho Carlos Marcos, un extremeño de Navalmoral de la Mata que, después de jubilarse, su afición por el Camino de Santiago se hizo más latente. La primera vez que se lanzó a conseguir la compostela fue en 1993 —coincidiendo con el Xacobeo— haciendo el Camino de la Plata en bicicleta desde su tierra. Posteriormente lo repitió y también se animó a hacerlo desde Mérida. «En el de 93 nos juntamos un grupo de amigos cicloturistas y lo hicimos desde Navalmoral en seis días. Nunca lo había hecho. Había estado en Galicia varias veces previamente, pero fue una experiencia que me dejó muy marcado», confiesa Carlos. A esos ha sumado andando el Francés desde León y Villafranca del Bierzo; el Primitivo desde Oviedo; el de Invierno desde Ponferrada y Astorga; el Sanabrés desde Zamora; el Inglés desde Ferrol y A Coruña; el Portugués desde Tui y Oporto; el del Salvador desde León y la prolongación Santiago-Fisterra-Muxía y Santiago-Muxía-Fisterra. Fue un amigo el que le creó la curiosidad. «El primero que hice caminando fue con él en plena pandemia. Justo cuando nos liberaron», cuenta.

El expolicía admite que uno nunca regresa a su hogar siendo el mismo. «A mí siempre me dicen que se me nota un montón cuando vengo de hacerlo. Al llegar a casa las primeras veces que iba me confesaban: “Qué cambio has pegado, estás mucho más relajado”. Por eso, cada cuatro o cinco meses, me marcho a desintoxicarme y recargar pilas», indica. Sobre qué le aporta, lo tiene muy claro. «A mí el Camino me da mucha paz, me da tranquilidad, me relaja. Es como si estuvieses en otro mundo. Caminando vas contigo mismo dándole vueltas a tus cosas, sobre todo cuando lo haces solo. Te vas purificando de alguna manera de todo lo que te metes a diario viviendo en esta sociedad que tenemos ahora», explica.

El entrenamiento

A sus 65 años, Carlos intenta entrenar toda la semana para mantenerse en forma y poder completar todas las etapas. «Practico cicloturismo y senderismo. Ando entre 10 y 15 kilómetros por lo menos cinco días a la semana. Toda mi vida siempre he hecho deporte ,como baloncesto y fútbol, pero ahora el cuerpo me pide cosas más sosegadas y que me llenen mucho más», afirma. En cuanto a los días que le lleva realizarlo, para él lo ideal está dentro de una quincena. «Cuando hice el del Salvador dije: “¿Cómo me voy a quedar solo cinco días?”. Entonces empalmé con el Primitivo. Ahora, que puedo y tengo más tiempo, lo que procuro es buscar caminos que como mínimo me lleven quince días. A mí los de una semana se me quedan cortos. Es cierto que si trabajas, pues matas el gusanillo. Pero en realidad no te da tiempo a nada y, cuando te das cuenta, ya estás de vuelta», apunta.

Su reto ahora es recorrer entero el Camino Francés y el del Norte en 33 días. Eso sí, su única premisa es terminarlos en Santiago. Porque a pesar de haber estado tantas veces, nunca se cansa de ver la catedral. «A mí me gusta acabar allí. Eso de hacer ciertas etapas y venirme para casa... No. Empiece donde empiece, yo tengo que terminar en Santiago. Hay gente que pasa y ya no va ni a por la compostela. Yo siempre voy y continúa haciéndome mucha ilusión llegar al Obradoiro. Lo siento como si fuese la primera vez», puntualiza. Además, confiesa que se acerca a cada santuario que ve. «Hay gente que el camino lo hace por lo espiritual, otros como reto... Yo no soy creyente, no voy a misa, pero donde hay una iglesia abierta, entro y estoy un ratito para estar tranquilo», admite.

A la hora de ponerse en marcha, Carlos prefiere recorrer los kilómetros en solitario. «La primera vez que dije que lo haría solo me decían que estaba loco, que si no me daba miedo y que me podía pasar algo. Pero es que si te tiene que pasar, te va a pasar así como si vas acompañado. Creo que todo el mundo debería hacer como mínimo un camino a solas. Aun así, de alguna manera vas a tener compañía porque siempre encuentras peregrinos que te acompañen o estás con gente cuando llegas al albergue», afirma.

De hecho, socializar es lo que más le gusta de toda la experiencia. «Lo que más me da la vida es la gente que conoces. Yo voy sin prisa, llego a cualquier aldea o pueblo y me paro a hablar con todo el mundo. Me tomo el camino viviéndolo de verdad, no agacho la cabeza y me pongo a andar para batir récords ni para ver cuánta distancia recorro. Me tengo que parar 30 veces para hacerme fotos y ver los paisajes. Si tengo que llegar a las cuatro de la tarde, llego a las cuatro. Si es a las cinco, pues a las cinco», admite, mientras recuerda alguno de sus mejores momentos de ruta. «Me ocurrió una anécdota muy simpática con un chaval de Corea. Nos conocimos haciendo el Camino de Invierno porque coincidimos en un par de albergues. Él no hablaba nada español y yo, evidentemente, no hablaba nada de coreano. Nos ayudamos por el traductor y nos dimos los teléfonos para mandarnos las fotos que nos habíamos sacado. Antes de llegar a Santiago, me llegó un mensaje de este muchacho diciéndome que le haría mucha ilusión entrar conmigo en Santiago. Así lo hicimos y nos dimos un abrazo al entrar en la plaza del Obradoiro por haber conseguido nuestra meta», confiesa.

¿Qué se necesita?

Con las botas ya desgastadas, Carlos sabe de sobra lo que se precisa para hacer más ligera la caminata. «Es muy importante tener una mochila, un calzado y unos calcetines buenos. Lo demás ya es superficial», explica. «Cuando somos novatos tenemos la costumbre de llenarla de cosas por si acaso y, al final, acabamos metiendo 14 kilos en la mochila. Eso resiente la espada durante tantos días», añade. Y ojo con quién se lance a dar pasos a lo loco, la preparación previa es importante. «Sobre todo hay que ser conscientes de las limitaciones de cada uno. Tú no te puedes marcar unos retos que no sabes si vas a poder cumplir. No te puedes ir a hacer un camino de 20 días si no te has preparado previamente y no estás acostumbrado a andar. El cuerpo igual está muy bien hoy y haces 30 kilómetros, pero mañana igual te pilla el cuerpo regular y tienes que caminar un poquito menos», afirma. Además, tener consideración con los lugares que recorres es primordial. «Yo aconsejo tener mucho respeto al entorno en el que estás, a las personas y a los pueblos por los que vas a pasar. Tú eres el que vas, te tienes que adaptar», puntualiza.

En los próximos días, pondrá rumbo de Braga a Santiago para hacer el Camino de Geira e dos Arrieiros. El único sueño que le queda por cumplir a este expolicía es el de hacer uno junto a sus nietos mayores. «Tienen 6 y 7 años. Mi deseo es hacerlo los tres solos en cinco o seis días», concluye.