Perfectos para tener intimidad. Estos restaurantes no son ni muy grandes ni muy pequeños, la calidez está garantizada porque tienen una decoración muy cuidada y cuentan con una carta exquisita
18 sep 2026 . Actualizado a las 15:03 h.Para conseguir la noche perfecta en pareja, la elección del restaurante no puede dejarse al azar. Los lugares adecuados para una cita romántica en Galicia, o cualquier parte del mundo, tienen una serie de cualidades indispensables. Deben ser locales de tamaño medio, o incluso pequeños, que garanticen calidez sin agobios; contar con una decoración cuidada y sugerente, estar ligeramente apartados del bullicio más estruendoso y, sobre todo, disponer de una iluminación tenue y envolvente, esa luz cálida que aporta intimidad pero que permite contemplar a la pareja a través de la mesa.
Bereket
A Coruña
En A Coruña, uno de los rincones que cumple a la perfección con estas premisas es Bereket, situado en la Rampa Matadero, 10. Hablamos con su propietario, David Martínez, sobre las claves que convierten a este establecimiento en una parada obligatoria para el amor y la buena gastronomía.
Tras más de un año de reformas en la zona, la calle ha dado un giro radical, convirtiéndose en un entorno accesible y agradable. «Estamos muy contentos con el resultado», destaca Martínez. Al cruzar el umbral de Bereket, el comensal descubre un restaurante diseñado en dos ambientes bien marcados. Mientras que la entrada ofrece una propuesta más abierta e informal —con la cava de vinos, la barra y el madurador de carne a la vista—, la parte posterior alberga el auténtico refugio para las citas. «El comedor de atrás tiene una luz más tenue y un ambiente más íntimo, romántico y acogedor, por lo que suele gustar mucho para una cena en pareja», explica Antonio, quien resalta además el valor de una música cuidada para acompañar la conversación sin interferir.
La propuesta culinaria invita desde el primer momento al juego de compartir. Para abrir boca en una velada romántica, la casa sugiere sus croquetas del océano de carabinero, acompañadas de volandeiras o flor de alcachofa a la brasa. Como plato principal, el protagonismo recae en los chuletones de intensidad media para dos, como la carne Jersey de Dinamarca o Montbeliarde de Francia, servidas con patata a la brasa al romero y pimientos rojos asados. El broche dulce lo pone el Flao by Kinana Ibiza, su versión de la tarta de queso con frutos rojos y menta. Para acompañar la velada, maridan los entrantes marineros con un vino godello, dando paso a tintos con cuerpo como Ribera del Duero o Toro para la carne, y cerrando con vinos dulces como Tokaji o Pedro Ximénez. Con un tique medio de entre 50 y 80 euros por persona, Bereket se consolida como un valor seguro para enamorar a través del paladar.
Albanta Cocina de Leña
Pontevedra
Sobran rincones en Pontevedra para una cita romántica, pero no hace falta llegar al centro de la ciudad para encontrar uno que está rodeado de un jardín donde poder tomar el aperitivo o brindar con una copa al terminar la comida. Albanta Cocina de Leña está hecho para disfrutar de la gastronomía en unos comedores donde la madera es la protagonista de una decoración en la que manda la madera para dar un ambiente cálido al local. Pero si hay algo que hace especial al Albanta son sus reservados y esos rincones pensados para disfrutar del entorno. «Las mesas están separadas y con su propia intimidad, se cocina todo con leña y los menús duran dos o tres horas. Nadie mete prisa a nadie. Al final es eso: sentarte, comer bien en un sitio bonito y hablar sin que te interrumpan», señala Pablo Liste, que tras años en negocios de hostelería en el centro de Pontevedra quiso cumplir su sueño de montar un restaurante donde hasta el postre se cocina a la brasa. Para escoger su nombre se dejó llevar por una canción de Luis Eduardo Aute.
Es uno de los poemas en las que el hijo del cantautor escribe sobre un mundo imaginario en el que le gustaría vivir. Eso es para Pablo Liste el Albanta, su lugar en el mundo y un restaurante en el que ir a disfrutar con calma. Además de elegir a la carta, el cocinero da la opción de escoger unos menús cerrados. Ofrece el de Singularidad, que por 99 euros hace un recorrido por los platos más icónicos del restaurante o el menú más extenso, el Materia, por 165 euros. «Cuando una pareja viene a Albanta Cocina de Leña normalmente es porque tiene algo que celebrar, o simplemente porque le apetece comer bien y con calma. Y lo que buscamos es que se olviden del reloj», reconoce Pablo Liste. La reforma de esta vieja casa de aldea recibió el Premio Gran de Area del Colegio de Arquitectos de Galicia en el 2022.
La Ratona
Malpica
Su nombre ya resulta interesante. En Barizo, Malpica, a escasos metros de la playa, se encuentra este restaurante que abrió hace poco más de año y medio con una apuesta muy fuerte en una pequeña parroquia iluminada por el faro de punta Nariga. La zona tiene su encanto también con el puerto y el paseo al lado del mar. Es un núcleo que siempre se caracterizó por su buena gastronomía a través de varios locales, entre ellos, un estrella Michelin.
La Ratona es un proyecto cuidado desde el detalle y el mimo. Su interior resulta muy cálido y acogedor con la madera como principal protagonista y unos tonos tierra y una luz natural que lo inundan todo. También tiene un apartado exterior con unas mesas, un jardín y, sobre todo, unas vistas de película. La Ratona tiene identidad propia con una carta de raíz y una oferta cultural paralela que hacen de este sitio un lugar único para tener esa cita especial. Incluso ofrece la opción de brunch bajo reserva previa. «Aquí las sobremesas son larguísimas», dice Isabel Morales, quien está detrás de la iniciativa. Siempre hay pescado del día de la lonja de Malpica. La brasa es el mejor aliado que tienen en la cocina, también para los gambones, la carne, el pulpo o los puerros. Los mejillones en escabeche de sidra y el tartar de atún y tuétano a la brasa son las actuales recomendaciones de la casa, en una carta que va mudando para adaptarse a cada temporada.
Hacen catas de vinos, quesos y eventos singulares en los que no falta la música, con especial apuesta por el piano, situado en el centro del salón. Este domingo mismo tienen una sesión vermú «distinta». En estos momentos se puede recorrer una exposición de fotos de faros de Ana Ruiz. «Hay veces que son todo parejas», comenta la líder del equipo. Algunas de las mesas del comedor ya están pensadas para dos.
O Fogón da Ría
Vilagarcía
Varios son los factores que pueden determinar la idoneidad de un restaurante para una comida o cena en pareja. O Fogón da Ría, en Vilagarcía, los cumple todos. El más importante, sin duda, la calidad y la verdad de su propuesta gastronómica, basada en los fundamentos de la cocina tradicional gallega y en los productos de temporada y proximidad. Pero además de las cuestiones culinarias hay otras nada desdeñables como la belleza y placidez del entorno en su conjunto —tanto en el interior de la soberbia casona solariega que acoge el restaurante como en su imponente jardín de 3.000 metros cuadrados— el cuidado y el esmero en el servicio o los coquetos y recogidos rincones que al comensal se le ofrecen.
El más solicitado por las parejas está en lo que antaño fue la bodega de la casa. Un rincón que propicia la intimidad, en el que se ubican seis mesas distribuidas entre los dos arcos de piedra que sustentaban su estructura. Durante el verano, la cuidada terraza exterior, abierta al jardín y a su frondosa arboleda, es otro de los espacios preferidos por quienes buscan una cena o una comida en un entorno confortable y con un aura especial.
La nobleza y elegancia del espacio tiene también su reflejo en la carta. Los arroces y las cazuelas de pescados son las especialidades de la casa. No le anda a la zaga la lubina en salsa de almendras, el mero a la plancha o el lenguado y el rape que se preparan a la espalda o con almejas. En las carnes sobresalen las carrilleras de ternera gallega, la paletilla de cordero lechal de Castilla o los medallones de solomillo de ibérico.
Con todo, para una cena en pareja, Salvador Gerpe y Cristina Pazos, propietarios de O Fogón, recomiendan su Menú del Mar, compuesto por ensalada de brotes tiernos, cherri, cebolla confitada y salteado de langostinos y zamburiñas; croquetas caseras de marisco; zamburiñas a la plancha con ajo y perejil; arroz meloso de rape, vieiras y langostinos; y postres caseros. Su precio, 110 euros por pareja, bodega aparte.
A Viaxe
Santiago
Si hay un restaurante en Santiago cuyas paredes de piedra desprenden amor ese es A Viaxe. Antes fue un pub canalla y farandulero, el mítico Matadero, pero desde el 2018 acoge el proyecto profesional y vital de Tomás Rubio y Bianca Barbeira, consolidado a todos lo niveles. Él es peruano, y ella, gallega, y se reparten la cocina y la sala. Se conocieron en un aeropuerto en Argentina, donde Bianca estaba de intercambio, y ambos eran conscientes de que esas cosas suelen acabarse con el tiempo y la distancia. Pero Tomás dio el paso: «O me voy con ella a Santiago o esto se acaba». Y aquí acabaron los dos, con un proyecto gastronómico que cayó de pie al ganar el concurso de tapas de la ciudad, al que le siguieron las mejores menciones en guías prestigiosas y páginas de reputación.
Así que en A Viaxe hay maridajes de todo tipo: personales, etílicos y de las cocinas de Galicia y Perú con «matices» de todo el mundo. El formato del local también se presta para las parejas, porque se encuentra en un rinconcito tranquilo junto a la Porta do Camiño, y dentro hay un espacio amplio con mesas más bien pequeñas, para dos, aunque dejando margen para otras configuraciones. Y luego está lo importante, la comida, que cuenta con dos menús de siete y nueve pases por 45 y 55 euros, con la posibilidad de combinarlo con vinos extraordinarios e incluso de repetir platos de pescado o carne por 7 euros más. Cada propuesta es un «viaje» con Galicia como hilo conductor a través del producto, pero sin límites de kilometraje: Malasia, Francia, Italia, Perú o Japón se van apareciendo por delante, con mayor peso del mar que de la tierra y con muchas creaciones crudas de las que Tomás se siente orgulloso, porque cuando llegó a Compostela en el 2010 todo en torno a la restauración era mucho más conservador.