La isla preserva restos de la Edad del Hierro, romanos, medievales y de los siglos XIX y XX
13 sep 2026 . Actualizado a las 04:49 h.Ons es mucho más que un tópico turístico de isla, sol y playa. Es la única ínsula habitada del Parque Nacional Illas Atlánticas de Galicia y eso, ya por sí solo, la hace distinta. Es también hogar de unos ecosistemas naturales de gran valor ecológico. En tierra destacan, por citar algunos casos, sus colonias de cormorán moñudo y gaviota patiamarilla, de las más grandes de España, o sus salamandras que, aisladas del continente durante milenios, se reproducen en tierra y no en agua dulce como mecanismo de defensa ante sus depredadores y lo limitado de los recursos hídricos. En el mar, es un refugio marino idóneo para la biodiversidad, un paraíso para los investigadores.
En patrimonio histórico y cultural, Ons es como la isla del tesoro para arqueólogos e historiadores. Aquí hay de todo: desde la prehistoria hasta la actualidad, este enclave a la entrada de la ría de Pontevedra también es un museo al aire libre.

La toponimia da a veces pistas sobre lo que puede haber debajo del suelo. Ons ha sido habitada y despoblada en varias ocasiones a lo largo de los siglos y la memoria precisa de las cosas se ha perdido, pero no del todo. En la ladera del monte que sube desde la playa de Canexol, en la cara este de la isla y al sur de Curro, el actual principal núcleo de viviendas, se encuentra Castelo dos Mouros. El Parque Nacional, gestionado por la Consellería de Medio Ambiente y con el visto bueno de la de Cultura, está llevando a cabo excavaciones anuales en este lugar desde hace varios años. Los trabajos los realiza el Grupo de Estudos de Arqueoloxía, Antigüidade e Territorio (GEAAT), ligado al campus ourensano de la Universidade de Vigo. Los resultados han sacado a la luz lo que, hasta el momento, es la prueba más antigua de ocupación humana permanente en la isla.
Los arqueólogos, que han llegado en una zona hasta la roca, han podido documentar un poblado que se fundó en torno al siglo IV antes de Cristo y que duró hasta el V de nuestra era. Es decir, sus primeros vecinos vivieron en la Edad de Hierro, la época clásica de los castros, y los últimos se debieron ir, por motivos desconocidos, en los estertores del Imperio Romano.
Las excavaciones de GEATT han revelado que el poblado de la Edad de Hierro estaba fortificado. Aún no se ha encontrado la puerta de acceso pero sí se ha preservado un lienzo de esta muralla lo suficientemente grande como para ser visible desde el mar.
Cuando llegaron los romanos, cambió la arquitectura, como evidencian estructuras ya rectangulares, destacando una vivienda, de la que se cree que tenía un primer piso, y donde se encontró escondido una acumulación de monedas de bronce, de escaso valor, pero que su propietario escondió por algún motivo y no pudo volver a recuperar. En esta vivienda los arqueólogos también han hallado restos de un incendio, que hizo colapsar el edificio y este no se reconstruyó. El final del Imperio fue convulso y las costas dejaron de ser seguras, por lo que es posible que la gente decidiese volver al continente.
Al amparo del poblado de Castelo dos Mouros y a escasa distancia a pie está la playa de Canexol, donde se halla la evidencia de qué venían a buscar los romanos a un lugar tan alejado como Ons. Aquí se encontraron dos factorías de salazón de pescado y se sospecha de una tercera. La sardina era uno de los productos que se exportaba a distintas regiones del Imperio, en ánforas, que cumplían en la Antigüedad la función que hoy en día tienen los contenedores.
La gran sorpresa que deparó Canexol fue encontrar una factoría de púrpura, un tinte que se conseguía con las glándulas del múrice, un crustáceo extinto en la actualidad en las Rías Baixas pero que hace dos mil años se podía recoger en gran cantidad en este entorno. La púrpura era un color muy apreciado en Roma y Ons es el lugar más al norte donde se ha podido documentar su producción comercial.
Una tumba en roca
Algunos ejemplos de las conchas de múrice de Canexol se pueden observar en la sala arqueológica del centro de interpretación de Curro, donde se exhibe también una pieza única en Galicia, aunque en este caso de origen medieval. Se trata de la tapa de piedra de una tumba excavada en una zona de rocas y que los vecinos llaman la Laxe do Crego, por la creencia de que quien estuvo allí enterrado fue un sacerdote o un fraile. Nadie sabe de quién podría tratarse ni por qué escogió un lugar tan extraño para su sepultura, pero lo cierto es que la tumba está allí, rodeada por las olas. La tapa, que fue arrastrada en un temporal, descansa ahora en este centro de interpretación, donde se ha reproducido al aspecto que tendría también si estuviese encima de la roca.
El poblamiento de Ons se truncó a finales del Imperio Romano y salvo la presencia de religiosos que buscasen un lugar aislado para sus devociones, no parece que volviese a haber vecinos hasta principios del siglo XIX. La razón de tantos siglos de abandono poblacional probablemente resida, entre otros factores, en que el enemigo venía por mar y Ons era la primera etapa de cualquier incursión hostil. Piratas, tratantes de esclavos, barcos de países en guerra con España. Toda flota o buque enemigo se podía esconder en la isla y de repente desplegar sus velas ante la ría y atacar las poblaciones costeras. Hay ataques documentados como los de 1622 a Portonovo, que fue repelido, o el naufragio de otro barco pirata argelino en 1634 cuyos supervivientes, que se refugiaron en Ons, fueron apresados por los vecinos de la comarca. En 1589 la flota del pirata inglés Francis Drake entró en la ría y quemó Sanxenxo.
En el siglo XIX, sin piratas, los vecinos de lo que hoy son Bueu y Sanxenxo empleaban Ons para tareas agrícolas y pesca. Cuando se constituyeron los primeros ayuntamientos en España, Ons acabó en el concello de Bueu. Curro se fue convirtiendo en una pequeña localidad costera, donde sus habitantes construyeron una iglesia —restaurada este año por la Xunta—, un cementerio y numerosas viviendas. En el punto más alto se levantó un faro, de cuya principal reforma y ampliación se cumple en este 2026 su centenario. Ahora se está estudiando su musealización parcial.
Sus vecinos conformaron una comunidad con identidad propia, preservando costumbres que desaparecían de otros lugares costeros, y a la vez crearon su propia visión cosmológica. La orografía de la isla se prestaba a ello, porque ante la gran depresión del Buraco do Inferno, por donde se cuela el mar, era fácil imaginar que los sonidos del oleaje en noches de tormenta en la mentalidad antigua se asociasen a las ánimas del purgatorio o a los muertos en naufragios.
Las leyendas vinculadas a Ons abundan en toda la ría. En Noalla, en Sanxenxo, todavía hoy hay quien habla de la ruta que sigue la Santa Compaña desde el monte de esta parroquia sanxenxina en línea recta hasta la isla. Al otro lado, en la parroquia marinense de Ardán, existía la tradición de la existencia de unos túneles que llegaban desde el monte de O Castelo —un monte nunca excavado por los arqueólogos— hasta Ons.
Carbón de incendios en la Prehistoria en la cueva de Manueleche
El proyecto Sentinela, apoyado por Transición Ecológica, impulsa una investigación paralela geológica y arqueológica en cuevas. Esta iniciativa ahora se centra en la de Manueleche. El grupo Patrimonio Cultural e Xeoloxía (Culxeo), formado por investigadores del Instituto Universitario de Xeoloxía de A Coruña, ha encontrado restos de incendios forestales de entre 30.000 y 21.000 años cuyos carbones se colaron en la cueva por una cavidad en el suelo.