Recorriendo el Camino Celta. Descubre la histórica ruta que une la isla Esmeralda con Santiago a través del mar, la huella de San Patricio y la tradición de los peregrinos gaélicos
27 ago 2026 . Actualizado a las 16:20 h.Puede que se trate de una de las rutas xacobeas menos populares, pero es tan antigua como el Camino Inglés. Desde el siglo XII, los currach —embarcaciones tradicionales de madera y mimbre— cruzaban el océano Atlántico para transportar a los primeros peregrinos gaélicos desde los puertos de Cork, Limerick, Waterford o Wexford hasta las costas gallegas. Salían cargados de incertidumbre, fe y con la ilusión de alcanzar la tumba del Apóstol Santiago. Son el origen de An Bóthar go Santiago, la semilla de una tradición trasatlántica que vertebró el diálogo cultural entre Irlanda y Galicia.
Sin embargo, el Camino Celta no solo ha sido una muestra de devoción a lo largo de los siglos, sino también un refugio vital con el que se ha preservado la identidad de estos pueblos de herencia celta que son tanto de Galicia como de Irlanda. Elementos tan emblemáticos como el arpa gaélica quedaron inmortalizados en la propia piedra del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago, y da testimonio de este intercambio milenario. La herencia marina volvió a cobrar vida en la memoria contemporánea gracias a Glen Hansard, recientemente fallecido, quien emprendió la travesía marítima desde Dublín hasta Compostela en un currach tradicional fabricado por él mismo. El músico y compositor salió de la capital irlandesa en el 2014 con destino a la Bretaña francesa; y, entre el 2015 y el 2016 continuó la travesía bordeando la costa atlántica francesa y el norte de España, hasta desembarcar en Galicia para después alcanzar la plaza del Obradoiro.
Enlace marítimo o aéreo
Hoy en día, el espíritu navegante perdura con el Camino Celta, una fórmula mixta que entrelaza la Isla Esmeralda con la capital gallega. Aunque no constituye una ruta terrestre oficial, la catedral de Santiago y la Camino Society Ireland contemplan un acuerdo administrativo que valida este itinerario: el peregrino recorre a pie un mínimo de 25 kilómetros acreditados en suelo irlandés y completa los 75 kilómetros restantes del Camino Inglés desde A Coruña hasta Santiago. Al sumar los 100 kilómetros mínimos requeridos por la Oficina de Acogida al Peregrino, los caminantes obtienen la codiciada Compostela presentando la credencial sellada emitida por la Camino Society Ireland, aunque para lograrlo tengan que realizar un enlace marítimo o aéreo.
Del lado irlandés, no es uno solo el recorrido que se oferta: entidades como la Camino Society Ireland reconocen hasta nueve trazados recomendados —entre los que destacan el Bray Celtic Camino, el Kerry Camino o el histórico Tóchar Phádraig—. «Las rutas irlandesas son en su mayoría tramos individuales que ofrecen una experiencia pausada, ideal para quienes buscan introspección lejos de las multitudes», explica Michael Walsh, miembro de la junta directiva de esta sociedad. En Irlanda, la señalización corre a cargo de asociaciones comunitarias locales y los alojamientos responden a la red hotelera convencional, a diferencia de lo que ocurre en España, con su conocida infraestructura de albergues.
Y aunque de este lado del Atlántico no sea tan popular, el impacto en la sociedad irlandesa es patente: el pasado año, 10.794 ciudadanos obtuvieron la Compostela, cifra que superó su propio récord y que situó a este país en el séptimo puesto entre las nacionalidades extranjeras con mayor presencia en la ruta xacobea, por delante de Francia.
El peregrino irlandés de hoy busca la caminata a pie motivado por una mezcla de fe, espiritualidad, senderismo, causas benéficas «o el simple deseo de cumplir un sueño personal antes de morir», reflexiona Walsh. Pero en su origen, este modo de viaje tenía un fuerte componente religioso que lleva hasta el evangelizador de la isla: San Patricio. El hombre que explicó el misterio de la Santísima Trinidad sosteniendo un trébol en la mano sentó las bases de la espiritualidad irlandesa. Para quienes buscan una experiencia auténtica y sin masificaciones, el Camino de San Patricio ofrece un trayecto de 131 kilómetros entre Armagh y Downpatrick, en Irlanda del Norte; un itinerario que propone cambiar la concha de vieira por el trébol y sumergirse en una Irlanda virgen.
Los pasos de San Patricio
La travesía de San Patricio comienza en la histórica Armagh, donde el santo erigió su primera iglesia y donde hoy convergen dos imponentes catedrales en colinas enfrentadas. Tras sellar la credencial en el Navan Centre & Fort —un enclave mítico rodeado de los legendarios manzanos con los que se elabora la sidra tradicional de la región—, el caminante avanza hacia Newry, la «Puerta al Norte», flanqueada por las cumbres de los montes Mourne y el Anillo de Gullion. La ruta discurre entre talleres artesanales, paisajes de la reserva natural de la bahía de Murlough, ruinas monásticas y la imponente estampa del castillo de Dundrum, para concluir en Saul y Downpatrick, el lugar donde descansan los restos del patrón irlandés y donde el Saint Patrick Centre expone la memoria viva de su legado.
Tanto si se opta por la combinación del Camino Celta entre Irlanda y A Coruña como si se recorren los pasos de San Patricio en el norte de la isla, el peregrino se enfrenta a un desafío común: la meteorología. Con abundantes lluvias en ambas latitudes, la ropa impermeable también allí se convierte en el equipo básico imprescindible. Como señalan los propios caminantes, completar más de los 25 kilómetros mínimos en suelo irlandés es «fundamental para calentar las piernas y preparar el cuerpo» antes de abordar la intensidad del tramo gallego.
Quienes lo han hecho coinciden en la similitud de los paisajes de ambos territorios, y en que el hecho de recorrer sus senderos es mucho más que completar kilómetros: «Es una oportunidad única para reencontrarse con la naturaleza más pura y sentir, en cada paso entre el verde irlandés y la piedra gallega, el latido inmortal de los antiguos antepasados», concluye el miembro de la Camino Society Ireland.