Secos, caldosos, de carne o verduras... Estos cinco locales gallegos especializados en arroces te permiten degustarlos en su propia terraza. Solo, en familia o con amigos, en algunos puedes saborearlos incluso con el mar como telón de fondo
21 ago 2026 . Actualizado a las 19:52 h.El arroz es uno de los platos veraniegos por excelencia. Y disfrutarlo en una terraza al aire libre y, a ser posible, con unas buenas vistas, es uno de esos placeres que a uno le reconfortan el día o la semana. Lo saben bien en el Levante español, donde han hecho de la paella a pie de playa un símbolo de la buena vida. Pero también lo sabemos en Galicia. Nuestra gastronomía es rica en platos con arroz, casi siempre complementados con excelsos productos de nuestro mar y de nuestra huerta. Y es que, además, los arroces son un plato social. Nunca los come uno solo. Una razón más para convocar a una cena o a una comida en torno a ellos.
En la Arrocería A Lanzada lo llevan haciendo desde el 2003, año en el que Sebastián Rivas abrió el negocio. «Lo monté como arrocería porque era un mercado sin explotar. En O Grove, marisquerías había muchas, pero arrocerías ninguna», comenta. Y a fe que no le ha ido mal. Empezó con cinco trabajadores y hoy cuenta con un equipo de 40 personas, necesario para atender a los 550 comensales que llegan a pasar en una jornada por sus instalaciones.
Dos han sido las claves fundamentales para el éxito de la Arrocería A Lanzada. Por un lado, la calidad y variedad de sus arroces. Una calidad fundamentada en la maestría en los fogones y en la excelencia de la materia prima. «Tanto en pescados y mariscos como en verduras, trabajamos, siempre que es posible, con el producto de aquí», explica Sebas. En cuanto a la variedad, ocho son los arroces con los que cuenta la carta del local: arroz de mariscos, de zamburiñas y almejas, de rape y langostinos, de pulpo y almejas, con bogavante, arroz negro con choco de la ría y arroz vegetal. A los que habría que sumar la también muy demandada fideuá de almejas.
El otro gran factor, que para nada es ajeno al éxito de esta arrocería, es su ubicación. El local y su fenomenal terraza acristalada conforman un espectacular balcón sobre la playa de A Lanzada, con la isla de Ons de fondo. Disfrutar de un buen arroz en este lugar y con estas vistas conlleva, desde luego, un plus de placer.
La agilidad en el servicio ha sido otra de las prioridades de la arrocería grovense. «Los fumets y los fondos los tenemos preelaborados. El resto se hace todo al momento. Pero contamos con una cocina con 16 fogones, lo que nos permite sacar cualquier arroz en 20 minutos», explica el propietario.
Además de la arrocería, el local cuenta con un restaurante, una cafetería, una hamburguesería, una heladería, el bar de conciertos en el que hasta el 16 de septiembre hay actuaciones todos los días a las 20 horas? y una terraza chill con tumbonas frente al mar y servicio de coctelería.
UNA RECETA PATENTADA
Tal fama ha cogido su «paella cabanesa» que en el restaurante Los Pinares, en primera línea de la playa de A Magdalena, en el concello de Cabanas, ha registrado su fórmula. ¿Y cuál es esa receta mágica? El propietario del local, José Manuel Saavedra, explica el significado implícito de esa «paella cabanesa»: un «arroz caldoso con berberechos da ría». Consta, principalmente de arroz, caldo de pescado, un sofrito «adecuado» —con el pimiento, el tomate y la cebolla como protagonistas— y los berberechos. «O que é o topping son só os berberechos», apunta José Manuel. Viene gente de todas partes a probar esta delicia y en verano es un no parar: «Un día normal podemos acabar ás 5 da tarde e saen unhas 165 racións de paella cabanesa», apunta Saavedra.
La fórmula siempre es la misma: se preparan al momento, desde cero y en 25 minutos. «A maioría da xente pide un entrante mentres espera, os máis habituais son as navallas ou as ameixas», explica José Manuel. Además, las paellas de este local cuentan con una peculiaridad difícil de encontrar en el mundo de la arrocería: «Debemos de ser os únicos do mundo que facemos racións individuais de paella», defiende el propietario de Los Pinares. El precio de la «paella cabanesa» es de 18 euros la ración.
Pero, aunque la cabanesa es la más famosa, este restaurante cuenta con otras opciones en su «paellódromo». Una de las más originales es la que han bautizado como «Cosmopaella de Mar-te», un arroz meloso con plancton marino, gambas, vieiras y pulpo a 28 euros la ración. También ofrecen la llamada «Espacio profundo», un arroz negro teñido al natural por calamar en su tinta con alioli (18 euros la ración), y la «Algarabía marina», que incluye ramallo de mar ecológico, merluza y langostinos.
Pero que no se preocupen los más indecisos, porque también es posible pedir una «paella multisabor», que se realiza en una paellera en la que se cocinan varios arroces de forma independiente.
CON LA PLAYA A LOS PIES
Hay lugares donde el tiempo parece detenerse en la mesa, y el jardín de A Fábrica, en Santa Cristina, Oleiros; es uno de ellos. A un suspiro de la playa, la brisa de la ría se cruza aquí con la serenidad de un rincón verde pensado para desconectar, disfrutar el aroma del marisco y del sabor de un arroz...
Al frente de este proyecto se encuentra Carlos Revenga, quien tiene muy clara la filosofía de su casa: priorizar el mimo al cliente antes que el volumen. Por eso, aunque el recinto ajardinado es extenso, ha preferido acotar la zona de comedor en una cuidada pérgola acondicionada. Con tan solo cinco mesas y capacidad para una veintena de comensales, comer en su jardín se convierte en un privilegio tranquilo, donde cada mesa recibe una atención cercana y sin prisas. En los fogones, el compromiso es firme con el arroz a la gallega. Aquí no se busca la paella valenciana tradicional, es decir, sin caldo. Sino la untuosidad de los arroces caldosos y melosos que reconfortan el paladar y atesoran todo el sabor del mar. Preparados minuciosamente al momento en unos 25 minutos, sus platos destacan por la abundancia: aunque el pedido mínimo es para dos personas, las cazuelas son tan generosas que comen holgadamente tres o cuatro personas.
Durante el verano, la estrella indiscutible es el arroz de marisco, elaborado con zamburiñas y langostinos totalmente limpios sobre un sabroso fondo de cigala que concentra todo el sabor del Atlántico. La propuesta marinera se completa con arroces de rape, de pulpo, negro o la versión del chef.
Fuera del plato estrella, en la carta de A Fábrica destaca la parte de picoteo, con opciones para los amantes de la carne y el pescado. Así, sobresale la cecina de León, los boquerones o el bacalao ahumado con naranja.
En el apartado de postres se concentran los clásicos, como la tarta de queso, la de la abuela y el brownie con helado y fresas.
UN NEGOCIO FAMILIAR
Al sur de la ría de Vigo, en Nigrán, se encuentra un restaurante de largo recorrido. Puntoecoma está ubicado en el paseo de Panxón, a pie de playa, y sirve diariamente a decenas de comensales que buscan probar las delicias que la familia Durán Lijó lleva preparando desde hace cuatro décadas, cuando el difunto Ángel Durán tuvo que dejar el mar con 49 años por enfermedad. En ese momento, él y su mujer, Estella Lijó, decidieron abrir un restaurante para poder alimentar a sus siete hijos, que no tardaron mucho en arrimar el hombro y en ponerse el delantal. Su hija Telly es ahora la gerente del restaurante, en el que su madre, con 82 años, sigue «al pie del cañón» preparando los fondos para los arroces. «Con lo que le gusta, ni se le pasó por la cabeza jubilarse», asegura Telly sobre su progenitora. La plantilla está compuesta en su mayoría por tres generaciones de familiares que a lo largo de todo el año ofrecen productos locales. «Estamos todos muy unidos y remamos a una para que el negocio salga adelante», comenta para disipar dudas sobre si existen las míticas riñas familiares.
Sus arroces, dicen, son uno de sus productos estrella gracias a la variedad de pescados y mariscos que tienen en su carta. La responsable del local insiste en la importancia que le dan al producto que venden. Su preocupación es tal que cuentan con una pescadería propia de la que se suministran todos los días del año y que también vende a otros establecimientos de la zona. Un compromiso que hace que «los clientes vuelvan una y otra vez en cualquier período del año», explican. Otra marca de la casa, de la que más orgullosos están, es de su carta de postres, que elaboran ellos. Comentan que los comensales «siempre dejan hueco» para degustarlos. Destacan su crema catalana y sus helados caseros de multitud de sabores, desde canela a chocolate.
CON UNA BUENA TERRAZA
Desde hace unos meses, Vilanova dos Infantes (Celanova) luce el reconocimiento como uno de los Pueblos Bonitos de España. La pareja formada por Manolo Riestra y Pili Valera ya sabían que lo era y apostaron por convertir al burgo medieval en un sitio de referencia para comer un buen arroz. Tomaron las riendas del Teleclub en 2014, le dieron un nuevo aire al viejo local social, que había sido la escuela del pueblo décadas atrás, y lo convirtieron en una hogareña sala. La terraza se fue ampliando, desde el porche al lateral de la antigua escuela, y ahora es un espacio bohemio y fresco en el que disfrutar de los sabrosos platos de su cocina en los tardeos de primavera y verano.
Manolo Riestra explica que la historia de sus arroces comenzó con uno preparado con pollo y langostino. En aquel momento no había tantos locales en la zona que destacaran por su arroz. «Ahora vienes a comer a Vilanova y casi lo haces por un producto», explica. Luego fueron ampliando y añadieron las fideuá de marisco, que no era demasiado popular en el interior de Ourense. Cocinado en tartera de barro, de Pereruela (Zamora) o de Niñodaguia (Xunqueira de Espadanedo), el recipiente es fundamental para conseguir un buen resultado en el arroz, señala el cocinero.
En Teleclub Vilanova apuestan por los arroces secos: con pulpo, del señoret (con el marisco pelado) y el campero, con verduras de proximidad y un entrecot laminado, que colocan encima. El caluroso tiempo de este año está permitiendo servir más arroces en el exterior del local. Si bien otro punto fuerte de este restaurante —donde solo se puede comer con encargo previo— son los que se hacen para llevar. Clientes de Madrid, Barcelona o Andalucía son los que más gustan de comer en la terraza, bajo una carpa en la que se reúnen los grupos de comensales. La cuidada presentación de platos y mesas es otro aliciente.
Infomración realizada por Carlos Crespo, Candela M. Río, Yago Gantes, Maite Rodríguez y Omar Goris