Marisol Soengas, científica: «En este momento estoy libre de cáncer»
VEN A GALICIA
Las vacaciones de la jefa del grupo Melanoma del CNIO discurren entre la aldea donde viven sus padres, Fonfría, y la ciudad herculina, donde le gusta practicar deporte
20 ago 2026 . Actualizado a las 19:26 h.Marisol Soengas González (Agolada, Pontevedra, 1968) llega a esta entrevista vestida con ropa deportiva y equipada con unas pesas. El deporte forma parte de su verano. Y de su vida. Reconoce que no desde hace tanto, pero que le ha permitido romper muchos clichés. El peso que trae en dos mancuernas —cinco kilos cada una— ha llegado a levantarlo mientras hace dominadas. A día de hoy, reconoce que está entrenando para volver a conseguirlo, ya que después del tratamiento que ha recibido para tratar su cáncer, ha perdido fuerza. Lo que sigue intacto para la jefa del grupo de Melanoma del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) es su entusiasmo. «Por eso os traigo aquí, a ver este horizonte, porque soy positiva por naturaleza», dice.
—¿Qué significa la ciudad herculina para usted?
—Nací en una aldea de la provincia de Pontevedra que se llama Aldea do Monte, pero mis padres se vinieron a A Coruña cuando tenía un año, por lo que me considero muy coruñesa. Para mí, el contacto con el mar, y en general con Galicia, es muy importante. Por eso elegí este sitio, con el Atlántico enfrente, y porque es el Parque de los Menhires de La Paz, y ese me parece un mensaje importante también.
—¿Cómo son sus veranos?
—En las vacaciones de verano hay un poco de trabajo porque es verdad que miro siempre el correo por la mañana para revisar asuntos importantes. Cada año, parte de las vacaciones las paso en el extranjero, asociada a un congreso internacional de melanoma (se ríe), pero también en Galicia. Siempre tienen un componente de A Coruña y de la aldea donde viven mis padres, Fonfría (Lugo), y de visitas a amigos. Intento pasármelo bien, comer y disfrutar. En Coruña, me encanta empezar a correr desde O Portiño y acabar en la Marina, que son 12 kilómetros. Ojalá tuviera esto en Madrid y poder disfrutarlo mucho más (vuelve a reír).
—¿Le cuesta desconectar?
—Para mí ya es desconexión no estar todo el día pendiente. Tengo colaboradores internacionales que a lo mejor no tienen vacaciones ahora y no me supone un problema. Hago lo que me gusta, no es una obligación.
—¿Cuál es su plan preferido en vacaciones?
—Simplemente pasear y ver a amigos me parece un plan fantástico, o estar con la familia. Quizás tomar un gin-tonic en una terraza de la Marina. Sobre el alcohol, decir que con mucha moderación. Un poquitín, un día, está bien.
—Sabía que haría ese apunte dedicándose usted a la investigación en cáncer.
—Claro, por supuesto. Sobre el cáncer, hay que intentar reducir riesgos. Prevenir las quemaduras solares, cuidar la alimentación y el consumo de alcohol, que son factores de riesgo. Luego está otro componente: lo que podemos hacer de forma activa. Esto es el deporte. Por eso he elegido este sitio y me he vestido así. Traerme unas pesas es intencional. Hacer ejercicio está súper demostrado que tiene efectos beneficiosos en personas sanas, pero también con cáncer. Hay muchísimos estudios que no dejan dudas: el ejercicio reduce los efectos secundarios de la quimioterapia, regula procesos inflamatorios y en general, mejora las respuestas de tratamiento.
—¿Cuál es su rutina deportiva?
—Intento hacer de todo un poco. Me gusta el body combat, hago un poco de spinning y corro. También practico ejercicio de fuerza porque cuando estás en tratamiento se reduce mucho la masa muscular y hay que recuperarla. Me gustan las mujeres que aceptan retos.
—¿Ha aceptado alguno?
—Vi un movimiento que circulaba por internet de mujeres que empezaron a hacer dominadas. Fue en respuesta a comentarios de que «las chicas ocupaban espacio en la zona de máquinas». Hubo mucho revuelo. Se lo comenté a mi monitor del gimnasio, yo también quería hacerlas. Me preguntó qué edad tenía, y ya había pasado los 50, pero a los dos meses, lo conseguí. Ahora las estoy recuperando, después del tratamiento.
—Ahora tengo que preguntarle cuántas dominadas hace, ya solo por curiosidad.
—Hago diez dominadas y llegué a realizarlas con un lastre de diez kilos. Ahora ya me cuesta porque perdí masa muscular. Tengo 58 años y estoy orgullosa de decirle a las mujeres que si se encuentran bien, porque no todo el mundo puede y eso hay que remarcarlo, se pueden llegar a hacer dominadas. Y si están en tratamiento, pues que intenten adaptar el ejercicio físico a su situación, pero que lo intenten. Los hombres también, eh.
—Anunció que padecía cáncer de mama en el 2024, ¿cómo se encuentra?
—En este momento, estoy libre de enfermedad, y esto es gracias a tratamientos que ahora están muy establecidos. Me gustaría agradecer a todos los equipos de investigación que los desarrollaron y, sobre todo, a miles de pacientes que participaron en esos ensayos clínicos. Gracias a demostrarse que eran efectivos estoy aquí ahora. Y para prevenir recaídas, estoy en un ensayo clínico. Por eso elegí esta vista al horizonte, porque a pesar de que un, diagnóstico de cáncer es difícil, para la mayor parte de los tumores, en este momento, hay opciones.
Tengo la suerte, entre comillas, de tener un tipo de tumor para el que hay distintas líneas de tratamiento. La primera opción, que es combinación de quimioterapia con unos anticuerpos dirigidos a una alteración que yo tengo, que es HER2, ha funcionado muy bien. Creo que se debe ser positiva y yo lo soy por naturaleza.
—¿Practicaba ejercicio antes de que le diagnosticasen cáncer?
—Sabiendo que el ejercicio era importante, no empecé hasta los 50 años. De hecho, fue un mes antes de cumplirlos. Se inauguró un gimnasio donde vivo, en las afueras de Madrid y decidí apuntarme. Así que… nunca es tarde para empezar.
—¿Ha cambiado su forma de ver la vida el hecho de padecer un cáncer?
—Ahora tengo más prisa. Esto es importante porque las científicas trabajamos en cierto modo para el paciente del futuro. Sabemos que lleva tiempo que un compuesto llegue a las personas, puede tardar diez años. Los pacientes no tenemos tanto tiempo. Los pacientes quieren respuestas ya y me preocupan mucho los retrasos en el acceso a los tratamientos, que haya compuestos que estén aprobados a nivel internacional y no lleguen a España, o que no lo hagan a tiempo.
También me ha cambiado la perspectiva a la hora de hablar con mucho más respeto sobre el cáncer. Hay que hablar de esta enfermedad de forma abierta, pero con cuidado. Por ejemplo, muchas veces, los propios científicos y científicas hablamos de compuestos «que tienen efectos secundarios tolerables». Sin embargo, que te caiga todo el pelo o que no puedas correr y solo puedas moverte despacio, es tolerable para una persona en ciencia o en la clínica, pero para los pacientes… puede ser tolerable, pero muy duro. Por eso, ahora soy mucho más precisa y también más reivindicativa.
—Usted es experta en melanoma, ¿en qué aspectos suele ser más precisa a la hora de hablar de él con los pacientes?
—El melanoma es la forma más agresiva de cáncer de piel. En mis inicios, hace más de veinte años, empezaba diciendo que no había tratamientos efectivos y me enfocaba mucho en la malignidad de este tumor. Ahora, lo presento de otra forma, también porque se ha avanzado en este aspecto. Y digo: «Están respondiendo en este momento el 60 % de los pacientes. Las respuestas son temporales en muchos casos, pero se ha avanzado». También doy mucho más peso a un tratamiento más integral, no solo hablamos de quimioterapia o inmunoterapia, sino de apoyo psicológico, de asegurarse de que las personas no están solas.
—Me habla un poco a nivel profesional, pero a nivel personal, ¿ha cambiado algo en ti la enfermedad, en tu forma de ser?
—Sí. Antes tenía muchos congresos o aceptaba entrevistas y reuniones a un año vista. Ahora tengo que ser más cautelosa. Pienso en que no sé cómo voy a estar, pero de una forma positiva también. Vivo más el momento y me preocupo menos de lo que pasará a largo plazo, porque no lo sabes. Pero no solo yo, tampoco otra persona que no tiene cáncer. Me gustaría mandar un mensaje y es la importancia de dedicarse tiempo a uno mismo y a los demás. Bueno, y otro comentario: hay gente a la que le da miedo o le preocupa hablar con una persona que padece cáncer, pues solo llamarle, preguntarle qué tal está o mandarle una foto en un viaje porque te has acordado de ella, hace que se sienta acompañada. Y ya solo eso, realmente anima mucho.