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O Facho de Donón: la cima desde la que Berobreo observa el rayo verde en las Cíes

e. v. pita VIGO / LA VOZ

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Una garita militar de hace tres siglos domina los acantilados del Facho de Donón.
Una garita militar de hace tres siglos domina los acantilados del Facho de Donón.

Una garita costera, un santuario con más de 170 aras y exvotos de peregrinos que le piden salud al dios galaico del más allá, unas vistas privilegiadas a las islas y un cielo digno de Starlight

18 ago 2026 . Actualizado a las 01:59 h.

Fue quizás el secreto mejor guardado de Cangas. Hasta hace 30 años, solo los niños iban a jugar allí. Ahora, O Facho de Donón se ha convertido en un rincón mítico, y han tenido que vallarlo para ver el eclipse. No le faltan atractivos: vistas panorámicas en primera fila a los acantilados de las islas Cíes y a los faros rojos y blancos de la Costa da Vela, puestas de sol en el mar con rayo verde incluido, cielos estrellados dignos de Starlight y un enigmático santuario galaicorromano.

Cuando muchos vigueses observan el atardecer desde los muelles de su ciudad, aprecian cómo el astro rey se oculta tras los montes de O Morrazo. Siempre hay curiosidad por saber qué hay más allá. Ese punto final son los acantilados de Donón, en la parroquia de O Hío, en Cangas.

Fue un lugar mágico durante los últimos siglos del Imperio romano. Miles de peregrinos subieron por una senda hasta el santuario que domina la croa de O Facho de Donón para rogar por su salud o curación al dios galaico Berobreo, señor de la muerte y del más allá. Y, efectivamente, desde ese mirador se ve cómo el sol muere en el mar. Al caer la noche, los visitantes disfrutan del cielo estrellado. Al igual que sus vecinas, Cíes y Ons, está alejado de la contaminación lumínica.

XOAN CARLOS GIL

En una loma protegida del viento se hallan las ruinas de un pequeño castro, que sucedió a otro poblado del Bronce Final. Vivió su esplendor como santuario entre los siglos II y IV de la era cristiana. En el 2003, una expedición arqueológica alemana elevó a 170 las aras y exvotos descubiertos. Sus ruegos en latín estaban dedicados a una misteriosa deidad, Berobreo. Grabados toscamente en granito local, los romeros escribían sobre piedra sus peticiones médicas (pro salute), mostraban su agradecimiento o cumplían una promesa. Numerosas aras inscritas están expuestas al público al aire libre. Alguna supera el metro de altura.

La cumbre, situada a unos 184 metros sobre el nivel del mar, está dominada por una garita militar circular de piedra y coronada por una cúpula. Fue levantada sobre los acantilados para vigilar la costa entre los siglos XVII y XVIII. Ya se hacía antes. Recuerda a las garitas de Santo André de Teixido, también sobre cantiles. Pervivía el temor tras los asaltos de los piratas berberiscos y del corsario Francis Drake, pero su función era controlar el paso de barcos por el estrecho de la Costa da Vela o Soavela, una de las puertas de la ría de Vigo.

Arriba, el viento sopla sin piedad. Es fácil imaginarse la dura vida de los centinelas en tan agreste paisaje mientras encendían sus fuegos de alerta. Facho significa ‘hoguera' o ‘antorcha'.

La subida a pie se realiza por una calzada empedrada en una caminata empinada, pero asequible. Las losas de esta senda tradicional le dan un toque bucólico al paseo entre árboles.

El punto de salida o meet point de la excursión no tiene duda: la escultura de la Caracola de Donón, un gancho para sacar selfis al atardecer ante el Atlántico.

Cómo llegar

Por la vía rápida de O Morrazo se llega a Cangas, y, luego, seguir hasta Donón.

Cómo subir

Desde la Caracola, emprender una caminata por una antigua calzada.