Rodeados de una exuberante vegetación, con jardines frondosos, tumbonas, camas balinesas y una carta variada, estos cinco locales son un paraíso para un verano que busca la sombra
04 ago 2026 . Actualizado a las 16:50 h.Puedes conformarte con las imágenes de paisajes con filtros que va actualizando un popular sistema operativo informático cuyo único fin parece ser ponerle los dientes largos al que tiene que trabajar delante de un ordenador, o leerte este reportaje y anotar en la agenda mental algunos de los rincones de Galicia que te trasladan a otras latitudes más exóticas y relajantes, esos lugares que a través de la vegetación aportan bienestar, sensación de evasión y estímulos positivos. Y encima te puedes tomar una cerveza de aquí o unos pimientos de Padrón. ¿Cuál es la contraindicación?
En Santiago, la fama se la lleva la piedra, pero también hay mucho verde. A partir de las huertas que dieron de comer históricamente a varias generaciones irrumpen ahora los rincones verdes hosteleros más buscados para desconectar, buscar intimidad y sacarle partido a las sombras y el ambiente fresco. En el perímetro del casco histórico van echando raíces patios y jardines cargados de vegetación que hay que buscar, aunque algunos ya lo anuncian en su nombre, como el restaurante A Horta do Obradoiro, que ofrece un singular espacio verde que va madurando con los años. Pero los pioneros de Compostela fueron los hermanos José Antonio y Ana Liñares, que adquirieron en 1999 un inmueble de la rúa Porta da Pena con un gran portalón que, en la infancia de él, hacía de portería para jugar al fútbol. Siempre tuvo curiosidad por saber lo que había al otro lado, y cuando tuvieron la oportunidad de comprarlo para montar el Hotel Costa Vella se encontraron una huerta con un pequeño gallinero, zarzas y una galería que se caía a trozos. Tras una cuidada rehabilitación, aquel espacio renació como un frondoso jardín salpicado de magnolios, limoneros, manzanos y parras, convertido con el paso de los años en una de las terrazas más emblemáticas y fotografiadas de Santiago. Desde el año pasado, la propuesta hostelera y gastronómica del jardín está gestionada por la chef compostelana Lucía Freitas, que asumió el proyecto con el compromiso de preservar la esencia y el legado de este pequeño oasis urbano, manteniendo vivo un espacio singular que destaca por una frondosidad casi selvática. «Está exuberante de más», dice Liñares reflexionando en alto sobre si tendría que poner a afilar la podadora como quien se da cuenta de que va tocando pasar por la peluquería.
El jardín sigue en manos del equipo del hotel, pero la propuesta gastronómica de Freitas ha terminado por elevar la experiencia vegetal a otro nivel, dando más motivos para regresar y comprobar cómo se va transformando el lugar. La carta cuenta con una ensaladilla especial, ensaladas y sándwiches que se pueden combinar con vinos seleccionados, una limonada casera o cafés de especialidad y cócteles de autor.
Menos mediático
casa felisa, santiago de compostela
Todavía más discreto que el Costa Vella es el patio posterior de la cercana Casa Felisa, otra de esas huertas que configuran el perímetro del casco histórico. Pero el concepto es completamente distinto. También los orígenes. El edificio fue un convento y ahora es un hostal muy buscado por los turistas extranjeros que regresan con frecuencia a la ciudad. Su restaurante también cuenta con buenos espacios para transitar por el invierno, pero su mejor momento es cuando se puede disfrutar de un jardín igualmente frondoso en el que manda un camelio centenario que es una belleza y que deja los claros suficientes para que se cuele la luz justa y las vistas hacia las torres de San Martiño y San Francisco.
Para los foráneos, Casa Felisa sigue siendo uno de esos establecimientos que muchos descubren por casualidad, porque para acceder a uno de los rincones más agradables para disfrutar de una comida al aire libre sin salir del casco histórico hay que saber dar con su puerta. El jardín está cuidado, y los espacios para sentarse están pensados y lo suficientemente distantes para no perder la intimidad que buscan muchos de los usuarios de estos espacios. Donde no hay sorpresas es en la carta, y eso también es de agradecer en tiempos en los que las tendencias mudan de la comida a la cena. Pulpo, pescados, carnes, revueltos o parrilladas de verduras conforman una oferta que se puede coronar con la eterna tarta de Santiago o con una crema de limón con castañas. Y todo para comer con sosiego y tranquilidad, que es a lo que invita cuando comes bajo un techo verde que se complementa con unas sombrillas estratégicas que protegen incluso de una lluvia ligera.
En la línea del Casa Felisa hay más rincones en Compostela para disfrutar de otros trópicos. El restaurante A Moa, en San Pedro, también ha sacado partido a su jardín trasero, donde la vegetación ha configurado una suerte de reservados naturales; o las terrazas del Hotel A Quinta da Auga, junto al río Sar, que está rodeado de árboles centenarios, hortensias y frondosos senderos.
El mirador de Samil
MARINA CÍES BEACH CLUB, VIGO
La terraza de la azotea del Marina Cíes Beach Club, con sus blancas hamacas y las sutiles telas de sus camas balinesas ondeando al viento, se constituye como un privilegiado mirador sobre la playa de Samil, la ría de Vigo y sus imponentes atardeceres. Pero no es solo un lugar para mirar sino también para ser visto. No en vano es uno de los espacios de moda de la ciudad. Y, seguramente, el más instagrameable.
Marina Cíes Beach Club abre sus puertas a las 9 de la mañana y se mantiene ininterrumpidamente en servicio hasta la medianoche (una hora más el fin de semana). Un amplio abanico horario que le permite aportar propuestas diversas para los diferentes momentos del día. Desde el desayuno de la mañana, al brunch de media jornada (con un menú de crepes, tortitas, bollería y tartas), la caña o el vermú, la comida del mediodía (de 13.30 a 16.00 horas), los cafés y las infusiones en la reposada sobremesa, la copa o cóctel del tardeo, las cañas y los vinos al atardecer y, de nuevo las primeras copas o cócteles de la noche. Todo ello envuelto en una aureola de elegante exquisitez y de mimo en los detalles, a la que no es ajena la cuidada decoración, en la que se combinan las influencias de las terrazas y chill outs ibicencos y de los beach club balineses.
En la oferta gastronómica del Marina Cíes sobresalen los arroces (de pulpo, negro, del mar o de bogavante), las carnes a la parrilla (solomillo, costilla, chuletón, entrecot...) y las pizzas napolitanas.
Muy a tener en cuenta también es su carta de coctelería, el complemento perfecto para una charla amable, para una puesta de sol o para seducir o dejarse seducir al ritmo de las sesiones de DJ que animan las terrazas del Marina Cíes los fines de semana.
Refugio para soñadores
casa beatnik, vedra
Nada en Casa Beatnik, en Vedra, es convencional. De hecho, su propio nombre deriva de la denominación que recibían los miembros del movimiento de los años cincuenta y sesenta que rechazó las convenciones y celebró la libertad artística. «Casa Beatnik lleva ese espíritu al presente: un refugio para rebeldes, soñadores y creadores modernos», explican sus propietarios.
Un pazo del siglo XVIII absolutamente remodelado, en el que se han respetado sus jardines y sus viñedos, acoge un hotel con 13 suites, seis cabañas de lujo tipo yurtas, dos restaurantes (Tribu y Bámbola), un spa, una sauna, una pista de tenis, un bar con zona lounge y una soberbia terraza, con una parte de inspiración oriental (con una piscina de un rojo intenso y un bar coctelería), y otra más enxebre y genuina que se extiende bajo los viñedos. En todas estas estancias conviven la naturaleza, el lujo relajado y el diseño más atrevido.
Retornando a la terraza (o al Pool House Bar, como ellos lo denominan), todo el entorno es un convite al disfrute sin prisas. Todo, desde las camas balinesas y las tumbonas, con sus sombrillas de estética setentera alrededor de la piscina de agua salada, a los sofás y las mesas de estética vintage repartidas entre la vegetación, invita a desayunar al aire libre, a prolongar el brunch de los domingos con algunos de los platos más emblemáticos de la carta, a almorzar bajo la sombra de las viñas o de los camelios, a refugiarse con un cóctel durante el tardeo o a dejarse llevar por la noche entre conversaciones a la fresca y música chill. Todo ello envuelto en una cuidada escenografía en la que cada pieza de mobiliario, cada lámpara y cada rincón han sido elegidos para convertir la estancia en Casa Beatnik en una experiencia sensorial.
Además de la posibilidad de tomar algo en la terraza en cualquier momento, Casa Beatnik dispone de un Day Pass que permite el acceso durante toda la jornada a las instalaciones (excepto el hotel) y los servicios.
Un solete de chiringo
areoso beach club, illa de arousa
Dos años lleva el Areoso Beach Club, en A Illa de Arousa, luciendo el Solete Repsol, que la prestigiosa guía le concedió por ser «un chiringuito diferente, integrado en el entorno y con una cocina de elaboraciones sencillas con productos frescos de proximidad y temporada». Y, efectivamente, así es.
De hecho, lo primero que llama la atención al visitante es esa armónica integración en un inmenso pinar entre peñascos rocosos, del que se aprovechan todos sus rincones. En su parte más baja —y más llana— acoge la barra, la cocina y las mesas para comer. A partir de ahí, cada pequeño espacio plano que se abre entre las rocas, y siempre al fresco amparo de la vegetación, acoge un rincón, a cada cual más coqueto. Con una cama balinesa allí, una hamaca más arriba, unos sofás en torno a unas mesas un poco más allá y coronándolo todo, a pocos metros del chiringo y sobre un peñasco que se eleva a modo de mirador sobre punta Quilma, un banco con unas espectaculares vistas sobre la ría de Arousa y el cercano islote de Areoso.
La cocina del Areoso Beach Club —que ocupa el centro del chiringuito, completamente abierta y a la vista del público— se fundamenta en el producto de proximidad y de temporada. No en vano, el Areoso forma parte de la red de locales kilómetro cero, de la asociación Slow Food. Entre sus propuestas, platos como las xoubas en aceite de cítricos (8 euros), los puerros en vinagreta (8 euros), el wok veggie Huerto de Mar (13 euros) o el asado de jamón con sus cachelos (13 euros).
Pero además de la gastronomía, la coctelería, los conciertos en directo (todos los sábados y domingos) y las sesiones de DJ, la otra gran apuesta del Areoso Beach Club es el turismo activo. En el propio chiringuito se pueden alquilar kayaks, embarcaciones con y sin titulación y bicicletas. También es posible contratar actividades como la ruta al Areoso, la vuelta a A Illa, paseos marítimos en bananas o donuts y esquí acuático.