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Kurum, la coreana que muestra al mundo el Camino de Santiago: «La carne ao caldeiro ha sido toda una revelación»

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Kurum posa a su llegada a la plaza del Obradoiro
Kurum posa a su llegada a la plaza del Obradoiro

Hace tres meses que se puso la mochila para recorrer España. En su país, el Camino de Santiago es muy conocido. Ahora acaba de terminarlo, feliz tras la experiencia: «Todos caminamos hacia el mismo destino»

04 ago 2026 . Actualizado a las 15:29 h.

«El Camino de Santiago es muy famoso en Corea», dice la creadora de contenido Kurum (@tomatetemato), aunque no se encontró tantos paisanos como creía rumbo a Compostela. Peregrinar fue una de sus maravillosas experiencias desde que se puso la mochila encima hace tres meses: «España se convirtió en un país aún más especial para mí». Aquí ya tiene amigos que son hermanos, como Nadia en Cataluña, a cuya casa llegó «sin saber absolutamente ni una palabra en español», o como los youtubers Kikillo y Fizpireta que conoció en su tierra y la animaron, y acompañaron, a hacer la ruta jacobea. En un post dice con la simpatía que la caracceriza: «Comí más kilómetros de los que caminé». «El pulpo y las zamburiñas estaban deliciosos pero la carne ao caldeiro el primer día fue una auténtica revelación», destaca. Los hórreos le dejaron «una huella especial»: «Fascinantes y preciosos».

Kurum relata que eligió España por el Camino al reflexionar sobre cómo caminar sola la ayudaría a ordenar muchos pensamientos, a raíz de un episodio «personalmente difícil». «Era mi primera vez en Galicia, y al llegar pensé: “¡Wow!”. El paisaje gallego era verde y tremendamente hermoso. Justo antes había estado en Cádiz, en el extremo opuesto. Estaba completamente enamorada del encanto del sur de Andalucía, pero al entrar en Galicia desde el tren me quedé maravillada con esa otra belleza fresca y luminosa que ofrecían los bosques y ríos relucientes». Y la gastronomía «¡riquísima!», dice Kurum.

El Camino le recuerda a la vida: «Todos caminamos hacia el mismo destino (Compostela), pero cada uno lo hace a su propio ritmo y a su manera». Unos solos, en silencio. Otros con su familia, charlando. Otros con amigos, entre risas. Conocemos gente que no volveremos a ver. A veces el esfuerzo produce dolor. Otras experimentas alegría.

Nacida en Gimpo, dice que creció en el competitivo ambiente de Corea que le enseñó a vivir con intensidad persiguiendo sus sueños, pero reconoce que la vida fue volviéndose «algo serio y pesado». Un día llegó el click, «no con la cabeza sino con el corazón», y entendió que «la vida consiste en sentir mucho, experimentar, reír, amar y compartir con otros durante este breve tiempo que se nos ha dado». Con otra perspectiva: «Hacer el propio camino con diligencia y alegría sin caer en el nihilismo... Creo que eso es lo que define a alguien verdaderamente feliz».

En redes su fórmula mágica es el humor: «Para mí no es solo un recurso para hacer reír a la gente, sino una actitud de vivir la vida con un poco más de ligereza. Creo que el poder de la risa es realmente enorme». Y descubre que aún con idiomas y culturas diferentes, «podemos reír juntos, entendernos y conectar».

De los españoles le ha impresionado que «son personas que saben disfrutar de verdad de la fiesta». Las escenas de familias al completo bailando de madrugada no son comunes en su tierra y le emocionaron: «En el fondo la vida es como una fiesta». Dice que nuestro país es «colorido, compartir, pasión». De hecho, en el Camino aprendió esta frase: «Compartir es vivir», pero más allá de lo material. En su lugar de origen existe otra expresión: «Los coreanos son un pueblo de haehak». No hay traducción exacta. El concepto alude a «una risa cargada de ternura y serenidad que permite tomarse con ligereza las fatigas y contradicciones de la vida». «La sociedad coreana puede parecer intensa y competitiva, pero en su interior existe esa sensibilidad colectiva», dice. Para Kurum en lo emocional, coreanos y españoles se parecen.