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Caminata pegados a un río que lleva a la acogedora Pereira, en Ordes

cristóbal ramírez

VEN A GALICIA

CRISTÓBAL RAMÍREZ

El río Cabrón se embosca y esconde sus molinos, uno de los cuales está siendo recuperado

27 mar 2022 . Actualizado a las 00:06 h.

El indoeuropeo viene a ser una matriz, un paraguas lingüístico, del que se derivan los idiomas de Europa y buena parte de los de Asia. Kar procede de ahí, y significa piedra. Y de kar, cabrón. No el insulto, sino el nombre del río que nace prácticamente en Mesón do Vento y desciende formando un bonito y estrecho bosquete de ribera, para cruzar la Nacional 550 a la altura del kilómetro 30, a la entrada de la parroquia de Leira. Tierras de Ordes, por lo tanto.

Hay donde aparcar el coche (una curva de la carretera vieja) y el excursionista sigue por la pista que marcha pegada a la nacional pero en dirección contraria. Es decir, hacia Mesón do Vento, hacia el nacimiento del Cabrón, y eso puede desorientar en un primer momento. Calma, porque a los pocos metros se toma la primera a la derecha girando en ángulo recto antes de llegar a la primera casa y se recupera la vecindad de la corriente, que va a quedar a la diestra.

CRISTÓBAL RAMÍREZ

Por su parte, una vez que ha cruzado el asfalto el río ha dejado a la izquierda el Monte Vello, ampuloso nombre de una elevación que podría calificarse como un outeiro algo más grande que la mayoría, pero sin más. En un punto emboscado recibe las aguas de un humilde afluente que también nace en Mesón do Vento: el Rego de Portomanteiga.

El avance resulta cómodo, con el Cabrón un poco más abajo a la derecha y casi pegado a la carretera. No hay que hacer caso de ninguno de los dos desvíos y la pista conducirá así a una cantera que realmente no puede decirse que embellezca el paisaje. La corriente, oculta en todo lugar por una muralla vegetal, seguía su curso en paralelo no solo a la nacional sino también a un camino que discurría entre ambas y que ya nadie recorre hoy en día, si bien indudablemente sí se hacía en el pasado: muestra de ello son los tres molinos construidos casi pegados al agua.

De dos de esos molinos permanecen en pie restos difíciles de localizar —hay que repetir que la vegetación conforma una selva poco menos que impenetrable—, pero el tercero, al que se accede sin problemas, está siendo rehabilitado, por suerte, y su interior retrotrae al visitante a otros tiempos pasados que jamás volverán.

Se ha cruzado el puente y ahora el río aparece a la izquierda. El tramo siguiente, pura repoblación de eucalipto y pino. La mala noticia es que no va a haber camino más o menos pegado, sino que el excursionista se aleja y se acerca constantemente, lo cual constituye un cierto engorro, sobre todo si se va andando en vez de en bicicleta. Alguna pista permite cruzar de una orilla a otra, pero el aventurero no se aparta en ningún momento demasiado de este río.

No resulta fácil perderse, pero si se busca en un mapa una referencia, entonces hay que localizar Codeseda, que da acceso a la nacional en el supuesto de que no haya fuerzas para seguir. Pero si ese no es el caso, no se pasa por ese lugar excepto que se quiera ver su magnífica casa noble venida a menos, con hórreo que llama la atención, así como su sencillo templo.

Y tras dos horas y media como mínimo desde el comienzo si se va andando, las pistas, siempre de tierra, desembocan en una carretera asfaltada: la que une la Nacional 550 con la iglesia románica-barroca de Buscás, previo paso por un castro (a la izquierda, muy cerca del templo) y con un montículo al frente que conserva un foso y los restos hoy invisibles de un castillo o torre medieval.

La aldea más cercana es Pereira, ante los ojos, con algunas casas muy bien cuidadas, viviendas nuevas —alguna de atrevido diseño, sea dicho con tono positivo— y otras tradicionales. El conjunto no desentona en absoluto con el entorno natural, con el río corriendo allá abajo. El valle, por cierto, es precioso, sobre todo visto desde esa aldea, emplazada en una suave ladera.

Para tener una idea de dónde se halla el visitante, la superficie del mar queda 279 metros más abajo en pura vertical. Un buen final de etapa.