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Vino del barril y cinco tapas en la carta, los furanchos llegan a la Ribeira Sacra

Luis Díaz
LUIS DÍAZ MONFORTE / LA VOZ

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Venta de vino de cosechero, en una foto de archivo, en una bodega de Vilachá de Salvadur
Venta de vino de cosechero, en una foto de archivo, en una bodega de Vilachá de Salvadur ROI FERNANDEZ

Los cosecheros de A Pobra do Brollón son los primeros en poder abrirlos

24 mar 2022 . Actualizado a las 17:35 h.

Ni hablar de vino embotellado. Tiene que ir directamente del barril a la jarra. Tampoco espere grandes alardes en la carta. De la cocina solo pueden salir cinco tipos de tapas. Y nada que no sean embutidos, quesos, pimientos de Padrón, costilla, huevos fritos, sardinas o jureles a la brasa, callos, fabada, tortilla, empanada o croquetas. Así funcionarán los furanchos en A Pobra do Brollón, primer municipio de la Ribeira Sacra que incorpora a sus ordenanzas la regulación de esta actividad. «Hai algún interesado e imos probar a ver que pasa. Ter esa opción para os que fan viño na casa e queren vender algún», dice el alcalde, José Luis Maceda.

A Pobra do Brollón, municipio acogido a la denominación de origen Ribeira Sacra, estrenó con el nuevo año una ordenanza que sigue al pie de la letra las directrices del decreto de la Xunta que regularizó una tradición arraigada en la costa de Pontevedra. Aunque en Lugo funciona algún local con la etiqueta de furancho, no consta la publicación de otras ordenanzas de ese tipo. Esa actividad se rige ademas por unas normas específicas en cuanto al período de apertura, el tipo de vino y la comida que se puede ofrecer a los clientes.

Los furanchos se autorizan solo para vender excedentes de vino de cosecha propia «elaborado na casa para consumo particular». ¿Qué se consideran excedentes? Según el decreto de la Xunta, aquella cantidad que no exceda de aplicar a la superficie de viñedo del titular un rendimiento máximo de 0,65 litros por metro cuadrado. Las viñas, en este caso concreto, deben estar situadas en el municipio de A Pobra do Brollón, cuya parroquia de Vilachá de Salvadur es una de las zonas vitícolas de más fama en la Ribeira Sacra.

Solo tres mes al año

Si hablamos de furanchos, el período de funcionamiento está acotado. Solo pueden abrir tres meses al año, del 1 de diciembre al 30 de junio. «Excepcionalmente poderase prolongar un mes máis, pero nunca ser máis aló do 31 de xullo», señala la ordenanza. La norma es válida para furanchos y loureiros. Por eso cabe la posibilidad de que los clientes lleven la comida de casa y consuman solo el vino, que era la tradición en este segundo tipo de locales. Su nombre viene del ramo de laurel que se colocaba fuera de las bodegas para advertir del inicio de la venta del vino nuevo.

La ordenanza de A Pobra do Brollón podría interpretarse cono la fórmula ideal para explotar las bodegas centenarias de Vilachá de Salvadur, ejemplo notable de arquitectura vitícola tradicional de Galicia. Sus 42 construcciones de piedra y tejado de pizarra —restauradas hace años— figuran en la relación de bienes culturales de la candidatura de la Ribeira Sacra a patrimonio de la humanidad. La normativa de la Xunta, sin embargo, establece que el furancho debe estar «na vivenda privada ou dependencia vinculada a ela», lo que excluye esos antiguos lagares.

Las casas con bodegas anexas son habituales en cercana aldea de Trasmonte, puerta de entrada a los viñedos en bancales del Sil en A Pobra do Brollón. Entre los pocos vecinos que mantienen vivo el pueblo hay quien abrió una bodega acogida a la denominación de origen, pero la mayoría venden las uvas y elaboran algún vino para autoconsumo. Uno de estos cosecheros ya mostró interés por acogerse a la normativa que permite la apertura de furanchos. «En todo o municipio hai xente con adega na casa que fai viño da ribeira. Se lle queren dar saída a algún, aí teñen a ordenanza para ver que teñen que facer», apunta el alcalde.

¿Una fórmula viable en otros municipios?

Furanchos y loureiros son una tradición vinculada a la costa pontevedresa, pero el decreto de la Xunta no fija limitaciones para su funcionamiento. ¿Podría ser una fórmula ampliable a otros municipios de la Ribeira Sacra? «Meu sogro vendía excedentes de viño. Cando lles daba uns pinchos na adega aos clientes todos dicían o mesmo, que como non abría un negocio porque non había sitio como aquel. O problema é que non somos o Salnés, xa non hai xente», opina David Vázquez, conocido en Chantada por Pinancho. Autor del documental sobre el embalse de Belesar Asolagados, trabaja las viñas de su suegro en la ribera San Fiz y elabora en esa misma bodega un vino fuera de denominación.

Del otro lado del Miño está la ladera de Pesqueiras, donde el artista y restaurador de O Saviñao Pepe Barxa pelea desde hace años con la burocracia para dar de alta su bodega. El vino procede de las viñas de la casa y en tiempos se vendía en un negocio familiar que atraía a clientes de toda la zona. «É unha idea moi boa. Non como competencia coa hostalería, senón como algo que pode axudar a fixar poboación nas aldeas», apunta Barxa.

Un filón, en algunos casos

El apego a la tierra llevó a Breogán Pereiro, propietario de una de las mejores viñas de la ribera de Doade, a mantener la bodega en su tierra natal de O Incio, fuera de la denominación. En O Incio probó en tiempos con algo parecido a un furancho, pero no todos los negocios veían bien la idea y prefirió pasar página. Hoy tiene bastante con atender visitas en Doade, donde instaló el famoso columpio del cañón del Sil. «Aquí —comenta— xa non damos abasto. Noutros sitios onde agora vai menos xente, os furanchos poden ser un filón».